Fuentes de la Cofradía de Pescadores de Pasajes han confirmado hoy que ayer se destruyó esta importante partida de pescado y hoy se han vendido 15.000 kilos de merluza y pescadilla a precios muy bajos, entre 1,89 y 2,10 euros el kilo en función de las calidades. En esta situación confluye la saturación de la oferta de merluza y pescadilla procedente de Noruega y Dinamarca, así como de Suráfrica y Namibia y la menor demanda que se suele producir en este periodo, aunque el descenso está siendo más prolongado que en años anteriores.
La UE ha establecido precios mínimos de 3,63 euros para las capturas de más de dos kilos, 2,74 para las que pesen entre 1 y 1,5 kilos, y 2,70 entre el kilo y los 600 gramos, y abona la cantidad desechada, lo que ha llevado a los pescadores a arrojar esta partida.
El jefe administrativo de la Cofradía de Pasaia, Antxon Corman, ha precisado no obstante que los pescadores sólo pueden destruir como máximo el 5 por ciento de sus capturas anuales.
El problema, según Corman, radica en que "hay más merluza de la que demanda el mercado" y el mayorista ve que a determinados precios no puede comercializar el producto, de ahí que se haya decidido tirar esta partida.
La solución a este problema pasa a su juicio por "adecuar la importación al consumo" y que cada país regule en cierta medida las importaciones para que no saturen el mercado y se logre un precio que, según Corman, debería situarse en torno a los 3,60 euros para los ejemplares de más de dos kilos, como establece la UE.
Este portavoz de la Cofradía de Pasajes explica que, pese a esta situación, "volver a puerto y dejar de pescar es complicado" porque normalmente los barcos salen a faenar a Irlanda o Escocia para campañas de dos meses aunque desembarquen semanalmente en puertos de esos países y la mercancía se traslade en camiones por carretera hasta España.
Por lo tanto, regresar les puede costar entre tres y cinco días y otros tantos para retornar a la zona de pesca, con lo que, además del coste de carburante, perderían entre 6 y 10 días de trabajo.
Los pescadores han decidido por lo tanto continuar faenando y esperar "a ver qué ocurre a finales de agosto" para tomar una decisión en función de si se revitaliza el mercado y vuelve a crecer la demanda.