BILBAO. La bipolarización que ha caracterizado más que nunca estas elecciones generales; el efecto Zapatero, es decir, el impulso que de por sí supone estar en el Gobierno español, y el no menos decisivo efecto Arrasate, con el asesinato del ex edil socialista Isaías Carrasco, han llevado al Partido Socialista de Euskadi a obtener unos resultados históricos en la Comunidad Autónoma Vasca. A esto habría que unir la rentabilización de la gestión del Gobierno socialista durante el alto el fuego que, lejos de suponerle el desgaste que han intentado infligirle tanto el PP como la izquierda radical, le ha reportado un significativo apoyo en Euskadi.
El partido de Patxi López se impone en los tres territorios (por primera vez, también en Bizkaia) y sube más de diez puntos porcentuales con respecto a los comicios de 2004, lo que le da nueve representantes para el Congreso. Los principales damnificados, en votos y en escaños, son el PNV, que pierde un representante en Bizkaia (en el total de la CAV, pasa de 7 a 6 diputados), y, sobre todo, Eusko Alkartasuna, que desaparece de la Cámara Baja, al perder su escaño por Gipuzkoa. El PP, beneficiado también por la bipolarización, salva los muebles en la CAV, pese a perder un escaño en Bizkaia, en beneficio del PSE y bajar en votos. En Getxo, además, gana con tres votos de diferencia sobre el PNV.
Los otros partidos que pugnaban por obtener representación, EB y Aralar, sufren también una importante pérdida de votos.
sorpresas La sorpresa la constituyeron, de forma especial, los resultados de los socialistas en Bizkaia. El hecho de que en este territorio hubiera un escaño menos en juego ya auguraba la posibilidad de que fuera el PNV el partido que perdiera ese representante, pero ninguna encuesta apuntaba a que los socialistas fueran a superar en votos, y con una diferencia además de seis puntos porcentuales, a los jeltzales. El PSE ganó además en Bilbao y en municipios gobernados por los jeltzales como Leioa, Galdakao o Arrigorriaga. Fue la guinda que coronó la euforia de este partido, que también ocupó la primera posición en Araba y Gipuzkoa, con sustanciales diferencias respecto a sus más inmediatos seguidores. En el territorio alavés, superan el 40 por ciento de los votos, frente al 26,5 del PP, mientras que en Gipuzkoa, con casi el 39% de los votos, dejan al PNV casi 15 puntos por detrás.
Especialmente llamativos son los resultados en Arrasate, escenario del último asesinato de ETA. El PSE logra más del 40% de los votos, cuando en 2004 obtuvo el 26,25%.
ABSTENCIÓN Otro foco de atención de la jornada de ayer se situaba en la abstención, propugnada por la izquierda racial. Descontando la llamada abstención técnica, se puede decir que la abstención achacable al mundo de Batasuna es significativa en las pequeñas localidades, pero que denotaría un desgaste muy importante en el cómputo total de los cuatro territorios de la Euskadi peninsular, si se compara con los porcentajes obtenidos en otras convocatorias electorales en diversos formatos, fuera con voto legal o mediante voto nulo.
Pese a que las elecciones generales son las menos propicias para que los partidos nacionalistas obtengan unos buenos resultados, lo que sí parece claro es que la rotundidad de lo expresado ayer en las urnas obligará a estas formaciones a realizar una reflexión en profundidad sobre cómo hacer frente a los escenarios que dibujan dinámicas que escapan a su control. Los partidos de obediencia estatal, por su parte, pueden caer ahora en la tentación de hacer esas sumas de voto no nacionalista-voto nacionalista que tanto critican cuando los resultados no les son tan propicios. |