Consolémonos! Que no haya ganado el PP a escala estatal, y que el PSOE no haya ganado por mayoría absoluta, son dos alivios que sitúan la legislatura española en marcos más de continuidad que de catástrofe.
La polarización ha sido funcional al PSOE y al PP a costa de achicar el espacio de todo el resto. El pánico a Rajoy de unos y la repulsa a Zapatero de otros, han movido al electorado. En ese juego, de representar los dos el 66,3% del electorado en 1989 pasan a representar el 83,86%. Insistirán en la misma senda en el futuro. Han vuelto Sagasta y Cánovas en alternancia. El PSOE de Zapatero le ha dado el abrazo del oso a IU y a todos los nacionalismos y sube, curiosamente, por sus ascensos en dos naciones históricas que de creérselo le tenían sobre todo miedo a Rajoy: Catalunya y Comunidad Autónoma de Euskadi.
La población española ya no se va a creer lo de la España multinacional. Sólo va a ver una España periférica en una esquina del hemiciclo, mientras parte del electorado periférico avalaba a los dos grandes partidos. Las pequeñas naciones se ven obligadas a hacerse fuertes en cada territorio.
A ello hay que añadir el efecto del asesinato de Isaías Carrasco. A escala estatal ha movilizado a más electorado, y se ha repartido entre el PSOE y PP, neutralizándose entre sí. En cambio, en el caso vasco, el inusitado y más importante éxito de la historia del PSE-EE quizás se explique por la suma del horror a Rajoy, el importante voto solidario y un reconocimiento de los esfuerzos de Zapatero en el proceso de paz. De todos modos, si mal haría el nacionalismo histórico en no tomar nota de la pérdida de su hegemonía coyuntural -con descensos continuados y tendenciales en el tiempo, y en claro contraste con sus resultados en las anteriores elecciones generales-, mal haría el PSE-EE en extrapolar tal cual estos datos excepcionales para unas elecciones autonómicas.
Primer problema: repensar y darle la vuelta. Que IU se haya estrellado y que todos los nacionalismos retrocedan en votos y porcentaje (salvo NaBai, CiU, que gana peso perdiendo votos, y la izquierda abertzale mayoritaria, que en condiciones extremas tiene un % fiel) no le animarán a Zapatero ni al giro a la izquierda ni a hacer realidad la España plurinacional. De todas formas, la legislatura no viene nada fácil: las alianzas en Catalunya, temas vascos, la política social, la crisis económica, reforma constitucional y de la Justicia...
Nuestros nacionalismos vascos tendrán que preguntarse varias cuestiones contradictorias. ¿Por qué les ha abandonado la parte de electorado menos ideologizado demostrándose que una parte de los trasvases ya no son dentro del bloque (nacionalista o constitucionalista) y parte ha ido a la abstención? ¿Por qué cuando hacen apuestas no ponen toda la carne en el asador? ¿No están dilapidando la casa del padre por querer ser todos primogénitos, cuando lo acertado ante el bipartidismo brutal en un escenario hostil hubiera sido las alianzas globales (tripartito + Aralar) o, siquiera, a pares o tríos más afines (PNV+EA+ Aralar; Aralar+IU/EB…)?
Segundo problema: ¿Y la hoja de ruta metodológica?
Parece improbable que Zapatero llegue a un acuerdo con el lehendakari sobre los contenidos que le presente de su hoja de ruta. Parece probable que el lehendakari deba pedir el 25 de junio el apoyo del Parlamento vasco a su metodología para la primera consulta; y parece posible, pero nada seguro, que supere esa prueba si parte de EHAK le da cuerda a pesar de que no le gusten las formulaciones.
Pero ya es más dudoso que, en condiciones de un tripartito con una popularidad ahora mismo erosionada, una izquierda abertzale oficial ilegalizada, sin apoyos sindicales, y dos partidos como PP y PSE radicalmente en contra, pueda y deba hacerse, si no hubiera autorización previa del Gobierno español o si hubiera prohibición de la Justicia. Con los datos de hoy y a dos meses vista, quizá falte la acumulación de fuerzas suficiente -un gran movimiento social- y no deba arriesgarse una oportunidad. Las metodologías siempre deben ser instrumentales.
Quizá deba plantearse la cuestión en otro terreno. Unas elecciones anticipadas pero con tres escenarios distintos y que los partidos -especialmente, las familias del PNV- deberían discutir. Una vía sería una candidatura amplia de coalición del tripartito y Aralar, con una cierta lógica plebiscitaria, con los contenidos precisados del texto del preacuerdo de Loiola y sosteniendo el derecho de decisión y un bilateralismo pactista no secesionista con el Estado. La segunda vía, completamente alternativa, sería una metodología de reforma estatutaria a la catalana pactada con el PSE-EE, en el horizonte de vuelta a los gobiernos PNV-PSE de los 80/90 y en la esperanza de cambios más paulatinos hacia el derecho de decisión. La tercera vía, una intermedia.
Si fuera la segunda vía me cuesta verle (es una opinión) a Ibarretxe liderando la candidatura del PNV y tengo dificultades para visualizar su unidad y a un electorado entusiasta. Tampoco le vería, en ese supuesto, a ETA dejando las armas -aunque tampoco sea seguro, ni mucho menos, que lo haga con otras alternativas- ni a la Izquierda Abertzale en claves de integración y suma. Pero todo esto son especulaciones, y a lo mejor alguien tiene escenarios mejores con los que cortar nuestro triple nudo gordiano y por este orden: paz, libertades para todos los ciudadanos y derecho de decisión.
* Catedrático de Comunicación Audiovisual |