madrid. La sociedad española que ha conocido los nuevos pecados según la Iglesia, vive cada vez más alejada de ella. Asimismo, a una tercera oleada de secularización, en la que la mitad de los jóvenes se definen como ateos, agnósticos o indiferentes, no se casan y no creen en el cielo, el infierno o el pecado. Además, el dato de que los jóvenes católicos practicantes ha disminuido en la última década no deja indiferente al estamento eclesiástico.
En torno a un 20% de la población sigue el magisterio de la Iglesia, fundamentalmente mayores. Los pecados de los que habla el Vaticano -contra la manipulación genética y el medio ambiente, las drogas, acumular riqueza...- tienen más sentido entre los jóvenes, pero "la sociedad no piensa en términos de pecado, y la juventud menos". "Está bien que lo diga, aunque a casi nadie le importa", asegura el catedrático de Sociología Alfonso Pérez-Agote.
En las últimas décadas, la secularización no ha dejado de avanzar en España. En opinión de Pérez-Agote, asistimos a una "tercera oleada", en la que por primera vez, entre los jóvenes, hay un trasvase de católicos practicantes y no practicantes a posiciones más alejadas de la religión: los indiferentes y agnósticos, y más aún los ateos, crecen de forma importante. En una década, entre 1994 y 2005, los jóvenes católicos practicantes han pasado de un 18% a un 10%. Los no practicantes del 59% al 39%. Simultáneamente, los ateos, indiferentes y agnósticos han pasado del 22 al 46 por ciento, según datos de la Fundación Santa María.
más acusado en la cav El desplazamiento a posiciones de ateísmo es más acusado en el País Vasco, Cataluña y Madrid, mientras que en Andalucía, Comunidad Valenciana, Castilla-León y Galicia, son mayoría los jóvenes que se autodefinen como "no practicantes".
En un análisis de Las tres oleadas de secularización de las conciencias, que publicarán próximamente el CIS y la Universidad Complutense, el sociólogo explica el proceso: La primera, hasta la Guerra Civil, fue virulenta, de un anticlericalismo radical.
En la segunda, entre los años 60 y 80, la característica fue el desinterés, la gente deja de ir a la iglesia y no hace caso de sus opiniones en política o sexo. España pasa de ser un país de religión católica a un país de cultura católica.
En este caldo, en el que han crecido las nuevas generaciones, la "tercera oleada puede llevar a una pérdida no solo de la religión, sino también de la cultura católica". |