FUE la única ofensiva que el recién creado Ejército vasco llevó a cabo. Una batalla sangrienta, motivada -muy a pesar de las preferencias de recuperar lo perdido en Gipuzkoa del lehendakari Agirre- por la necesidad estratégica del Gobierno de la República de aliviar la presión de las tropas de Franco sobre Madrid. La batalla de Villarreal.
Veintiocho batallones del ejército de Euskadi debían operar en tres columnas. La primera debía atacar a partir de la línea Amurrio-Baranbio. La segunda, progresar desde Ubidea. Y la tercera, avanzar desde Otxandio. Sus objetivos: Villarreal, Gasteiz, Nanclares y Miranda, el nudo ferroviario más importante del Norte de la Península. Si lo ocupaban, cortarían la comunicación por tren de los franquistas con Europa.
Los primeros movimientos de las tropas vascas fueron detectados por los sublevados, que pusieron en alerta a unos 50.000 hombres de las dos divisiones con las que contaba el general Mola en el frente norte, según explica el historiador Guillermo Tabernilla. El 30 de noviembre de 1936 el ejército vasco desplegó su ofensiva. Primero, los objetivos se alcanzaron con facilidad. Pero pronto empezaron las dificultades. "Entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, y pese a las numerosas bajas, consiguió completar el cerco de Villarreal. En teoría, debería haber sobrepasado este enclave, pero se atascó en él", apunta Tabernilla.
Los franquistas reforzaron la guarnición de Villarreal para evitar que cayera en manos del ejército vasco. El 2 de diciembre, consiguieron romper el cerco y abrir la carretera que unía la localidad con Gasteiz. Del 4 al 7 de diciembre llegaron más refuerzos de los sublevados y expulsaron a los republicanos de Navarrete. El batallón Gordexola tuvo que retirarse después de sufrir grandes bajas. Entre el 7 y el 11 de diciembre, las tropas franquistas rectificaron la línea del frente. Pero, aún así, el ejército de Euskadi lanzó un último y desesperado ataque contra Villarreal. Estuvo a punto de tomar el municipio, pero el cansancio, la falta de reservas y el mal tiempo obligaron a una nueva retirada.
Tras esa desesperada acción, no se registraron otras de importancia en ese frente. Hasta el 23 de diciembre. Ese día, el ejército franquista tomó Elosu. Y con la toma de Elosu, se dio por terminada la batalla. |