En la era del ocio solitario y doméstico -absténganse los malpensados...- las librerías y los cines son los últimos santuarios. Su defunción está anunciada para finales del siglo XX, así que los agoreros acumulan ya un considerable retraso en el calendario que, válgame Dios, ojalá se prolongue por mucho tiempo. Claro está que antaño el lector o el espectador de cine guardaban una liturgia que hoy se ha perdido. Entraban en una librería con reverencia y buscaban el consejo del librero, un hombre curtido en las mil y un historias que escondían los libros que atesoraban en su tienda. Hoy todo transcurre a otro ritmo; no hay libreros sino cajeros y decrece el número de lectores críticos en beneficio de la cuenta de resultados del club de devoradores de libros.
Jesús Alonso de Leciñana y Raquel Gómez pusieron en pie, hace más de tres décadas, Herriak, una de aquellas librerías de culto. Ahora, cuando la apisonadora del progreso aplastó su viejo sueño, aún sonríen. Lo hacían ayer al ver como el testigo de aquel anhelo caía en manos de Elkar, una empresa que aún cuida la materia prima, los libros, aplicando a su venta, eso sí, las más agresivas técnicas de la mercadotecnia. "Mejor otra librería que una tienda de ordenadores o una inmobiliaria", susurraba ayer una voz amiga.
El nuevo punto de encuentro con las letras se encuentra en la misma calle Pozas, unos metros más arriba que la vieja Herriak. Sus gerentes tuvieron el gusto sensible de levantar la persiana un 23 de abril, el mismo día elegido por la legendaria librería. Jon Jaka, Iaskun Kortajerena y toda la gente que les acompaña aún conservan cierto espíritu literario, por mucho que a los clásicos les haya chocado encontrarse, a la entrada de los nuevos 450 metros cuadrados de cultura, estantes sobrecargados de revistas varias.
Ejercieron de padrinos en esta ceremonia de bautrismo laico dos escritores de talla: Unai Elorriaga y Toti Martínez de Lecea. Sus palabras fueron las más hermosas de la tarde: no en vano, su oficio es encontrarlas día a día, como un hombre de campo busca los frutos silvestres más jugosos. A la cita, aderazada con el vino, el jamón y el queso; tan clásicos como un ejemplar de Shakespeare, acudieron, además de los nombrados, Asier Muniategi, Juan Bayón, titular de la galería Bay-Sala que ahora comparte acera, pared con pared, con la nueva librería, Bernar Zarraga, Kepa Torrealdai, el presidente de la Cámara del Libro, Lorenzo Portillo, José Javier Abásolo, Juan Luis Goikoetxea, Josu Urrutia (cierren a estas alturas la boca los boquiabiertos: alguinos futbolistas también leen...), Lutxo Egia, Juan Luis Goikoetxea, Judith Alonso de Leciñana, Jon Irazabal, Anton Mari Aldekoaotalora, tío del defensa central del Athletic, Carlos Zarraga, José Mari Sos, Carmen Acillona, Begoña Maguregi, Lourdes Meléndez, Idoia Ugarte, Miguel Ángel García, Andoni Lujua, Mikel Esnal, Jesús Mari Aldekoa, Javier San Cristóbal, Amagoia Ortiz de Zarate, Inaxio Gómez, Juan Carlos Mendizabal, Alex García, Javier Orbegozo, Daniela Martín, quien desde sus ochenta años hablaba con espíritu crítico de estos supermercados del arte, Aitor Uribe, Gaizka Olega, Javier Izquierdo, Arantza Revuelta, Ander Zelaieta, Jon Andoni Orue, Patricia Zarate, Miren Zudaire, Aitziber Zulueta y un buen número de viandantes, escritores, curiosos, editores, oportunistas del canapé o fans de un escritor que se reunieron en alegre compañía alrededor de los libros. |