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Tribuna Abierta
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La oportunidad de Petronor
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Patxi Etxeberria
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EL liderazgo que ejerció nuestra tierra en la industria de generación y gestión de la energía en las décadas 60-70 del siglo pasado, puede ser recuperado sólo si se apuesta por iniciativas empresariales de tecnología avanzada en la explotación de fuentes renovables y en la eficiencia energética aplicada a todo tipo de procesos.
Gamesa es una de esas iniciativas, acertadamente definida y orientada en su momento por J.A. Garrido, que en lo eólico ya se ha consolidado mundialmente, pudiendo transferir parte de sus desarrollos tecnológicos al uso de otro tipo de renovables. Ahora le toca el turno a Petronor que tiene que modernizar su planta de Muskiz, con objeto de reconvertir la producción de fuel oil (25% de su total refino) para acomodarse a la evolución de un mercado cada vez más exigente en términos medioambientales. Con la nueva inversión prevista de 750 millones de euros Petronor asienta un nuevo pilar sólido para el mantenimiento de nuestro sector energético. No solamente asegura la viabilidad de la planta, sino que introduce las últimas tecnologías en el refino, reduce los residuos en un 80%, y crea 1.680 nuevos puestos de trabajo, muchos de ellos de elevada cualificación (actualmente son 6.200 puestos los que directa o indirectamente dependen de la planta).
Pero existen dificultades para afrontar en Euskadi una segunda reconversión tecnológica e industrial, las cuales provienen de la limitación de nuestro territorio. Debido a ello estamos presenciando la resistencia de grupos de vecinos y la incertidumbre de la Administración ante la reconversión de la planta de Muskiz.
Doy por buena la competencia técnica de Petronor en tecnologías de refino y solamente quiero señalar aquí dos motivos por los que, a pesar de los inconvenientes, esta inversión debe realizarse.
Primero, porque el sector energético es determinante para que podamos mantener una estructura económica con un 30% de componente industrial. La sociedad vasca ha sido dependiente del petróleo en las tres últimas generaciones y lo va a seguir siendo varias generaciones más. No podemos importar del exterior todo el valor añadido y pretender mantener nuestro nivel de vida. Y respecto a Petronor tampoco se puede dejar de resaltar su aportación del 7% del total presupuesto de la Diputación de Bizkaia (500 millones de euros) y del 42% de todo el tráfico del puerto de Bilbao.
Pero en segundo lugar, tampoco podemos perder la perspectiva de los condicionantes que nos plantean los desordenes urbanísticos heredados que difícilmente podremos corregir en una sola generación. No hay más que pasear por la cabecera del valle de Asua y ver el panorama de fundiciones, centros comerciales, tanatorios, viviendas, empresas de reciclaje, polvos de acerías foráneas esparcidos por las carreteras, cementerio, aeropuerto que poluciona y hace de despertador no deseado de miles de vecinos hasta la línea del mar. ¿Podemos extremar nuestras exigencias hasta romper la solidaridad que necesitamos para el sostenimiento, no ideal pero si internacionalmente elevado, de nuestro nivel y calidad de vida?
La política medioambiental está llena de alta retórica seguida de crasos incumplimientos, por lo que el criterio determinante es el cumplimiento de la ley. Tanto las autoridades del Gobierno como de los Municipios están obligadas a hacer cumplir y a cumplir ellas también la ley, es decir las directrices europeas aplicables a cada situación, y evitar por todos los medios la tentación de utilizar estos temas como arma de campaña electoral.
En el caso de la planta de Petronor tenemos conocimiento de su comportamiento de los últimos 40 años como una de las refinerías europeas con mejores niveles de calidad y seguridad. Así lo acreditan las auditorias de las aseguradoras. Y el sector energético y la economía vasca necesitan hoy la pervivencia de Petronor.
*Es economista |
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