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27-05-2008
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Vicente Todoli, Juan Ignacio Vidarte, Cristina Iglesias, Miren Azkarate y José Luis Bilbao. fotos: Oskar Martínez
kultura
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Una cita con la imaginación de Juan
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Una cita con la imaginación de Juan
La llegada de la obra monumental e imaginativa de Juan Muñoz al Museo Guggenheim sumerge de nuevo a la pinacoteca en las aguas de la vanguardia a la par que hace honor a un escultor 'renacentista' de nuestro tiempo.
Jon Mujika
SE fue en Ibiza y pronto. La vida del escultor Juan Muñoz tuvo un desenlace trágico, a la manera de una pieza de teatro clásica, la misma dramaturgia que se respira en sus creaciones. Las trece figuras que componen la obra Thirteen Laughing at each other, quitan barba a la solemnidad del museo y reciben a los visitantes en posición escalonada, espolvoreadas sobre las escalinatas que dan acceso a la entrada principal. Viéndolas a uno le entran ganas de reír, el deseo más importante que se conoce en nuestro tiempo. Ésa es la tarjeta de presentación de la retrospectiva de Muñoz que congrega en el Guggenheim cerca de 80 obras, entre esculturas, instalaciones y dibujos, que serán completados con las piezas radiofónicas que creó en colaboración con el escritor John Berger y los compositores Alberto Iglesias o Gavin Bryars o los escritos en los que dejó plasmado un esbozo de su pensamiento...

No por nada la crítica acostumbrada a mirar al más allá acusa al escritor de escorarse hacia la literatura, como si ambas artes fuesen navíos de aguas diversas. "Soy un contador de historias" acostumbraba a decir el escultor, empecinado en celebrar la comunión de todas las disciplinas artísticas en una obra con vocación de inmortal. De todo esto se habló ayer en el Museo Guggenheim, puesto en pie con dignidad tras la tempestad de los últimos tiempos. A la cita con la imaginación de Juan acudieron, entre otros, Vicente Todoli, director de la Tate Gallery, partenaire del Museo Guggenheim en esta exposición, Bartomeu Mari, Miguel Zugaza, la consejera de Cultura, Miren Azkarate, el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, rockero confeso, Ibon Areso, Jon Azua, la diputada foral de Cultura, Josune Ariztondo, Cristina Iglesias, la mujer que más echa de menos a Juan sobre la faz de la tierra, Manuel Borja-Villel, Joan Fernandes, Guy Tosatto, la directora de Arco, Lourdes Fernández, Pedro Icaza, Álvaro Videgain, Javier Aguado, Rafael Orbegozo, Guillermo Caballero de Luján, Pilar Aresti, el notario José María Arriola, Fernando Zugaza, Antonio Arias, Miguel Ortiz y un buen número de invitados a la aparición sorprendente de un hombre del renacimiento en pleno siglo XXI.

La mano y el gusto de la comisaria de Sheena Walstaf se apercibían en el segundo piso del museo, donde late la obra de Juan. Carmen Jiménez ha volcado sobre la muestra todo su conocimiento del esqueleto y las interioridades de la casa. Se percibe que la muestra, delicada en su grandilocuencia, es obra de dos mujeres. Pueden dar fe de todo cuanto les cuento quienes ayer se acercaron al alzamiento del telón. Allí se dieron cita Jon Ortuzar, Juan José Baños, el escritor Kirmen Uribe, José Miguel Corres, el presidente del Consejo Nacional de las Artes escénicas de Cuba, Julián González y su vicepresidente, Pedro José Coto, Karmelo Sainz de la Maza, Juan Álvarez y Alicia Stuber, Sylvie Lagneaux, Alejo Echevarria, Andoni Zubiarreta, solidarizado con un colega de oficio -ha hecho alguna que otra estatua a lo largo de su brillante carrera deportiva...-, Alejandro Echevarría, Isidoro Beltrán, el pintor Juan Mari Lazkano, Alberto Ipiña, Begoña Bidaurraza, Félix Linares, convertido en caballero medieval al recordarle a Mari Carmen Lirio que tenía apellido de flor, "algo propio de su belleza" -el cine, ya saben, da mucho de sí...-el empresario Juanjo Aurtenetxea, Pilar Maura, Carmen Miral, la galerista chic, Emilia Epelde, Matilde Elexpuru, al frente de las empresarias de Bizkaia, Lander Mendieta, Kepa Landa, Iñaki Garay, hombre fuerte de Idom,, Inés López, Roberto Sainz de Gorbea, José Luis Damborena, en nombre de la Bolsa de Bilbao, Joseba Jauregizar, Felipe Arnold, César Caicoya, Mari Carmen Garmendia y así hasta poblar el atrio del museo de nombres propios que se pasearon, a su vez, entre esculturas culinarias de primera magnitud. Entre las magdalenas de olivas negras de Aragón, los espárragos triguerosd fritos en tempura de txipiron con salsa de romesco, el guiso de fideos y sepia con texturas crocantes Roseejat y las rocas secas de merengue con café tostado se levanta un monumento a la cocina y al paladar que ríase usted de Juan, de Miguel Ángel y de todos los genios habidos y por haber.
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