Marta Sanz ha decidido desnudarse ante sus lectores en 'La lección de anatomía', y lo hace tanto íntima como físicamente. Una novela autobiográfica donde la propia autora realiza una vivisección a su memoria. Una reivindicación del derecho de los escritores a hablar de sí mismos Bilbao. Comienza el libro con una cita de Christophe Donner: Decir yo cuando se trata de uno mismo. ¿Habla de usted en la novela?
Claro, además yo creo que todos los escritores cuando escribimos las novelas en el fondo siempre hablamos de nosotros mismos. Si uno habla de sí mismo, ¿por qué el género autobiográfico tiene que estar más desligitimado, o peor visto que otro? Quería reivindicar ese derecho a hablar de nosotros mismos desde nuestra propia voz.
¿Por qué una biografía a los 40 años y después de seis novelas?
Precisamente por eso. Esta novela trata de explicar un poco que tenemos que tomarnos un tiempo para reflexionar. A mí me pareció que los cuarenta era una edad muy buena de la vida para echar la vista atrás y darte cuenta de por qué eres como eres a esa edad. Esta lección de anatomía termina siendo una lección de Geografía e Historia porque puede ser una experiencia compartida por mucha gente.
¿Dónde está la línea entre ficción y realidad?
Esa línea la marca la retórica literaria. Sencillamente por el hecho de ser un texto literario donde estás sometiendo tus vivencias a una serie de manipulaciones formales. Eso es lo que convierte en ficción la realidad. Eso es lo que hace de la materia vivida materia artística.
Buscar en la memoria hechos que ocurrieron cuarenta años atrás no tiene que ser fácil.
¡Cuarenta años no son nada! (Risas). Es una experiencia preciosa porque a medida que haces el esfuerzo de recordar cada vez recuerdas más cosas. No me planteé este libro como una herramienta terapéutica, pero a posteriori me he dado cuenta de que ese ejercicio me ha venido muy bien hasta el punto de que ahora soy mucho más consciente de cosas que tienen que ver con mi realidad y mi entorno.
Una vez publicado, ¿se avergüenza de algo de lo que haya contado? No porque creo que las experiencias vitales que se recogen en este libro no son en ningún caso vergonzosas. Parto de la idea de que mi historia es muy sencilla, muy poco fuera de lo común y de que las cosas que me han pasado no son vergonzosas. El despertar de la sexualidad, el reconocimiento del propio cuerpo, tomar decisiones que pueden afectar a los demás desde el punto de vista emocional... Eso no es vergonzoso, eso es la vida.
Le dedica la novela a su madre.
Esta novela es un canto de amor hacia mi madre pero no es apologético, sentimental, ni tampoco es el canto truculento de mi madre me destrozó la vida. Es un homenaje de amor a mi madre que aglutina las cosas más tiernas y las más dolorosas. Esa mezcla de violencia y de ternura es lo que termina por definir los sentimientos humanos.
Y en ese recorrido a través de su memoria, ¿ha descubierto algo de usted misma que no sabía?
Cuando era adolescente siempre había tenido la sensación de que era una persona mala, retorcida, más lista que el resto de la gente... y luego he visto que era todo lo contrario. Y también he aprendido que la memoria no puede ser un artefacto para hacer hermoso el recuerdo y que todo se convierta en nostalgia, sino que lo importante de la memoria es cómo nosotros vamos aprendiendo los lenguajes para construirla. Eso es lo que afecta al conocimiento y hace que nuestra intimidad repercuta de algún modo en lo colectivo y al revés.
Rembrandt tiene un cuadro con el mismo nombre que la novela.
Sí, se lo puse por eso, porque La lección de anatomía de Rembrandt es una autopsia y mi libro es una vivisección. Además, el tipo de realismo que practica Rembrandt en la pintura a mí me gusta mucho y me siento muy identificada con ese tipo de realismo que no fantasea y no trata de buscar las cosas escondidas de la realidad sino de hacer visible lo cotidiano.
Como Doctora en Literatura Contemporánea, ¿qué opina de la literatura del siglo XXI?
Hay cosas del mercado literario español que me resultan muy molestas. Por ejemplo, que en la configuración del canon literario y de lo que se considera literatura se confunda permanentemente el criterio de cantidad con el de calidad. También me resulta molesto que la literatura de entretenimiento se esté comiendo absolutamente cualquier otro tipo de apuesta más arriesgada donde se pide al lector un esfuerzo. Yo apuesto por un tipo de literatura que trata con más respeto al lector y sobretodo que no lo trate demagógicamente como un receptor manso.