En el colegio, nadie nos enseñó a gestionar las emociones. En la vida pública, generalmente, se reprimen. La filósofa Elsa Punset, hija del escritor y divulgador científico Eduardo Punset, ha escrito 'Brújula para navegantes emocionales', un trabajo científico que las reivindica bilbao. A Elsa Punset le encanta hablar de su libro porque, dice, se lo cree, aunque los nervios siempre acechan...
Usted, ¿cómo los controla?
Me ayuda saber que el cerebro está programado para sobrevivir y que, por tanto, siempre está esperando lo peor. Para ver lo bueno tenemos que sentarnos y buscarlo deliberadamente. Hay que hacer ese esfuerzo. ¿Por qué me iba a ir mal si en este libro he dado lo mejor de mí?
¿Hacia dónde nos guía la brújula de su libro?
El libro es una guía para aprender a ser dueños y no cautivos de nuestras emociones. Siempre hemos pensado que la razón estaba por encima de las emociones. Sin embargo, lo que nos está diciendo la ciencia es que la base de nuestra forma de pensar es el cerebro emocional.
Pero, la ciencia, ¿ofrece suficientes herramientas para gestionar las emociones?
Hasta ahora las emociones eran un agujero negro en el que la ciencia no podía entrar. Lo único que teníamos para controlarlas eran unas estructuras sociales y religiosas muy férreas que nos decían qué lugar debíamos ocupar en el mundo. En los últimos 50 años se han derrumbado esas estructuras y ya no tenemos referentes. La ciencia acaba de despegar en el estudio de las emociones y por eso todavía no nos está dando las herramientas para saber cómo podemos navegar por nosotros mismos.
¿Por qué surge precisamente hoy ese interés por su estudio?
El estudio de las emociones se está precipitando por un dato claro que ofrece la OMS y que corroboran los ministerios de Sanidad de nuestros países: un 20% de la población sufre algún tipo de desarreglo psicológico que le impide llevar una vida normal. Esto tiene unas repercusiones económicas tremendas. Lo preocupante es que socialmente éste va a ser un mundo muy agresivo. Mucho de este dolor se podría prevenir.
¿Cuál es el indicador de felicidad más importante en la vida de una persona?
Las relaciones afectivas, cuánto amor se tiene en la vida. Sin embargo, no enseñamos nada a las personas de cómo relacionarse bien con los demás. A los chavales les hablamos de sexo seguro, pero no de amor y desamor. Sin embargo, sabemos ya mucho de cómo funcionan esos patrones.
¿Cómo funcionan?
El amor es un sentimiento que está basado en la realidad evolutiva. El amor sirve para que la gente se reproduzca y la raza humana no desaparezca. Es importante saber que el amor pasional tiene una fecha de caducidad para evitar esa frustración que se produce en las personas. En las relaciones hay, además, otra serie de mecanismos nocivos que se repiten, como la dependencia emocional. Tendemos a vivir relaciones en las que uno es el dependiente y el otro el dominante, unos patrones que se aprenden en la infancia. Hay que vivir las relaciones desde la independencia.
Aludía al carácter efímero del amor pasional, ¿el problema son, según usted, las expectativas?
Esperamos que nuestra pareja nos resuelva la vida, en vez de buscar la satisfacción dentro de nosotros mismos. Buscar la aprobación de los demás es algo muy triste que nos pasa. Hay que aprender a soltar ese lastre.
¿Es la dependencia el principal problema de las parejas?
Yo creo que sí. El 80% de los segundos matrimonios vuelve a fracasar. Si no aprendes de tus errores, el cerebro se conforma y tú te comportas de la misma manera. Es importantísimo que las personas sepan que no es tan difícil cambiar. Simplemente hay que entender la raíz del problema.
¿Cómo?
Para eso tienes que sentarte contigo mismo y tener cuatro herramientas, que son las que yo intento dar en este libro.
¿No hay aspectos de la infancia que nos marcan para siempre?
Antes se pensaba que el cerebro se transformaba sólo en los primeros años de vida. Sin embargo, la ciencia ha descubierto que el cerebro es plástico, es decir, que incluso en la vida adulta se regenera. Lo único que le impide regenerarse, lo único que le impide esa neurogénesis es el estrés y el miedo. El saber que nuestro cerebro es plástico significa que a cualquier edad, si comprendemos lo que nos ha ido mal, podemos cambiar. Una vez que descubres esa fuerza no vuelves a abandonar ese camino. Como no nos enseñan a pensar así de pequeños, nos cuesta.
Apunta como principal problema de las parejas la dependencia emocional, ¿qué ocurre en el ámbito laboral?
Habitualmente los ámbitos laborales son muy jerárquicos y competitivos. Se acosa al que es diferente, al que no encaja. Antes, el que se salía de la manada, moría. Los humanos tendemos a buscar esa seguridad, esa manada, y en el trabajo hacemos lo mismo. Es importante tomar conciencia.
Vivimos en un mundo muy competitivo.
En vez de ser colaborativo, es tremendamente competitivo. En un mundo competitivo hay algo tremendo, y es que muchos pierden y muy pocos ganan.
¿De qué manera influye el entorno?
Una de las cosas que impactan mucho de las últimas investigaciones científicas es la capacidad que tienen las personas de ser felices y compasivas en un entorno transparente. Se ha demostrado que las personas hacen trampas cuando creen que juegan con tramposos y que, sin embargo, juegan de forma limpia cuando creen que están jugando con personas honestas. Las personas naturalmente tienen la necesidad y el deseo de relacionarse con los demás desde la compasión y desde la empatía.
Usted huye de clasificar las emociones en positivas y negativas, ¿por qué?
Creo que habría que hablar de emociones útiles y perjudiciales. La ira, por ejemplo, no es mala. La ira es el germen de la justicia social. Sólo hay que saber expresarla bien.