BILBAO. Exilio político, amor por Bilbao, matrimonio o gusto por la fiesta son algunas de las razones por las que muchos inmigrantes se quedan en nuestra villa no sólo a disfrutar de Aste Nagusia, sino también a organizarla. Es el caso de Genner Buitrago, un colombiano de la comparsa Lehoiak que llegó a Bilbao en 2001 como exiliado político. Este año estará haciendo turnos en la txosna “como uno más”. Dice haber animado a mucha gente a unirse a la comparsa y cree que el idioma ha sido muy importante en su integración. “Con el castellano es fácil”, afirma. Además, no está de acuerdo con la “mala fama” que a veces tiene la inmigración. “En todos los países del mundo hay gente buena y gente mala”, apunta. Lo que más le gusta de Aste Nagusia es tomarse sus cervezas y “charlar de política”, ya que Genner pertenece al Partido Socialista Obrero Internacionalista. “Vivo en Orduña, pero trato de bajar todos los días”, dice. Otro colombiano, esta vez de Medellín, es miembro de Txinbotarrak.
Walter Velázquez llegó a Zorroza en 2001 sin conocer a nadie, y nada más llegar, “me integré, me movilicé socialmente”. Cree que entre los inmigrantes existe el miedo al rechazo y le parece una tontería. “Hay que moverse por el mundo preguntando a la gente, aunque no te conteste; es lo que hice yo cuando estudiaba en Nueva York”, cuenta. En Bilbao tuvo mucha suerte. Y es que el día en que llegó, una vecina le tocó el timbre y le pidió su teléfono para que su sobrino le llamara. “Fue muy amable”, cuenta Walter, “a los dos días su sobrino me llamó y fue la primera vez que salí en plan cuadrilla, como decís aquí”. De aquella noche recuerda que probó el kalimotxo, algo de lo que no había oído hablar y le pareció “asqueroso”, aunque ahora que se ha acostumbrado le encanta. Participa mucho en las fiestas y ahora unos amigos de Colombia que residen en Italia le visitan para conocerlas. “Voy integrando a mucha gente”, comenta, “siento que hago algo positivo”. Para él, las fiestas de Medellín no son tan diferentes de Aste Nagusia. “Hay tablados, que son como las txosnas de aquí, y una cabalgata con más de 20.000 caballos desfilando para la apertura de las fiestas, además de artistas y bailes típicos”, cuenta. En Zaratas, por otra parte, un angoleño y una mexicana están “muy ilusionados” por formar parte este año por primera vez de Aste Nagusia.
Jean Barnabé Moussayou llegó de Angola en 1989 “por problemas políticos” y vive en San Inazio. Jean cree que eso de la integración no es tan fácil. Y eso que lleva casi veinte años en Bilbao y sus hijos han nacido aquí. “Es una cosa compleja”, cuenta, “a veces crees que estás integrado y ves que no, es algo que tiene que venir de ambas partes”. Sin embargo, disfruta como el que más de estas fiestas. También lo hace Marisela López, una mexicana que llegó en 1998 a Bilbao y está casada con un vasco. Vive en Zurbaran y espera una niña para el mes que viene, pero está viviendo intensamente esta Aste Nagusia. “Me gusta lo que significan estas fiestas”, cuenta.
En Eguzkizaleak cuentan con Richard Cedetti, llegado desde Suiza en 2002. Se metió en la comparsa “por los amigos” que le animaron. Realmente le encantan las fiestas, “las cervezas, estar con mi lady y los conciertos”. Para él, lo peor de Aste Nagusia es la resaca. Lo mejor, el ambiente. En eso, todos coinciden. “Hay muy pocas peleas por la noche”, se sorprenden. Además, Richard comenta que en las fiestas de Zurich no hay txosnas sino puestos de hostelería. “No son populares”, se queja.
Desde otro país europeo, esta vez Alemania, llegó Gudrun Hadler en 1995. Vino en 1993 por primera vez a Aste Nagusia, como turista. Quería un cambio de aires, se enamoró de Bilbao, y conoció a mucha gente, por lo que en dos años ya se había trasladado a vivir aquí.
UN PROYECTO PARA EL FUTURO
La comparsa de inmigrantes
Según explica Jean, existe desde hace tiempo la idea de formar una comparsa para inmigrantes, pero “lo difícil son los pasos a dar”. No cree que de aquí a un par de años sea factible, lo ve “complicado”.
Marisela no lo limitaría sólo a inmigrantes, “es mucho más rico entrar a una comparsa con gente de aquí que montar una exclusiva”, ella cree que “se pierde mucho”. Richard comenta riendo que “pondrían mejor música que la que ponéis los vascos”, más bailable. “Ya sé que aquí sois poco de bailar, pero es que es demasiado”, bromea.