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15-10-2008
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El funeral de Santiago Brouard, diputado de HB asesinado por los GAL en 1984 en su consulta de pediatría, congregó a una multitud en Bilbao para darle el último adiós.
25 años de los gal
Víctimas del olvido
Una 'guerra' con 27 supervivientes
Víctimas del olvido
La actividad de los GAL segó las vidas de 27 personas en una trayectoria plagada de equívocos. Sus familiares luchan por el esclarecimiento de la verdad con el apoyo de un Gobierno vasco que les tiene incluidos en sus listas de damnificados.
Míriam Vázquez
Cuatro y veinte de la madrugada del 14 de diciembre de 1983. Los GAL llaman a la Policía francesa para comunicar la puesta en libertad de Segundo Marey. Aturdido y abandonado a tres kilómetros de un paso fronterizo, el que había sido confundido por sus captores con el presunto miembro de ETA Mikel Lujua no sabe el documento que porta en esos momentos. Los mercenarios de los autodenominados Grupos Antiterroristas de Liberación, que aseguran estar combatiendo a ETA, se han encargado de que sea él mismo el mensajero de la organización contraterrorista y para ello han introducido en sus bolsillos una nota de la banda. El mensaje es claro: "Cada asesinato de los terroristas tendrá la respuesta necesaria; ni una sola de las víctimas permanecerá sin respuesta".

Así comenzaba el ojo por ojo de los GAL. Una táctica de poner la venda antes de la herida que no hizo más que dar lugar a un mal peor. Una infección endémica. 27 asesinatos. 27 heridos. Y casi la mitad de ellos, errores. Jóvenes de grupos ecologistas, trabajadores de empresas ferroviarias, políticos o ciudadanos para los que la conjunción entre momento y lugar hizo que la palabra casualidad tuviera un agrio significado. Errores. Gorka Espiau, asesor de Lehendakaritza en Política para la Paz, analiza la situación ante DEIA: "Saber cómo elegían a las víctimas entra en el terreno de la especulación. Era una organización bastante bruta como para realizar una disección quirúrgica al respecto. Se movía a bulto sin buscar un perfil concreto. Eran mercenarios que no sabían ni lo que hacían. Lo importante es saber de quién recibían las órdenes".

A todo ello se añadió la pieza clave que impidió que la herida desapareciera e hizo que dejara una fea cicatriz en las víctimas: la marca de la impunidad. Edurne Brouard, la hija del diputado de Herri Batasuna asesinado por los GAL, Santiago Brouard, hace hincapié en esta cuestión. "Decir que los asesinatos han quedado totalmente impunes es una aseveración demasiado dura, porque ha habido algunos casos en que algunos autores materiales han cumplido ciertas penas, nada comparables con otros casos, pero bueno... La que sí es absoluta es la impunidad política. No se ha dirimido ninguna. Todos los que tenemos dos dedos de frente lo sabemos. Claramente, los muertos de la izquierda abertzale no valen nada en los tribunales españoles", se lamenta en declaraciones efectuadas a este periódico. Al ser preguntada acerca de si algún organismo español le ha brindado sus condolencias, Brouard se muestra tajante: "No. Además, para las condolencias, en un asunto como éste, ya tengo a mi gente y a mi pueblo".

Juicios hubo muchos. Y tortuosos. Pero la cuestión es que no todos los días se habla de una trama de tal magnitud en la que se acuse al Gobierno o algunos de sus ministerios de ser la batuta. Según explica Txema Urkijo, asesor adjunto de la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco, la situación es clara: "Las víctimas estarán con un nivel de frustración bastante importante por no haber tenido acceso al reconocimiento de la verdad. Es un caso en el que no se ha impartido justicia y en el que el nivel de impunidad ha sido muy alto. Entran en juego dos cosas diferentes. La verdad es imprescriptible, y hay que exigirla en todo momento. Sin embargo, desde el punto de vista penal, los delitos prescriben. Pero que se sepa cuál fue la trama de los GAL es exigible en este mismo momento. Por supuesto, corresponde a las víctimas este derecho y, en este sentido, las víctimas de los GAL no son diferentes a las de ETA".

Por su parte, Espiau expresa con contundencia que "nunca es posible hacer justicia total a ninguna víctima". "Todos los procesos de reparación son imperfectos. Ha habido más muestras de reconocimiento a víctimas de ETA porque son más, pero antes del primer reconocimiento institucional a las de los GAL de este año, ya hubo más ocasiones en las que se las reconoció. Se ha avanzado mucho en la visibilidad de las víctimas, no sólo de los GAL, sino también de otras desconocidas para la opinión pública. Esas víctimas aportan matices muy importantes para que la foto del sufrimiento sea lo más completa posible para construir un futuro mejor", explica.

RECONOCIMIENTO PÚBLICO Precisamente ahondando en esta vertiente del problema, Urkijo reconoce que "es posible que no haya un tratamiento equitativo de las víctimas por parte de los partidos políticos", si bien puntualiza que, a su juicio, esto es imputable a todas las formaciones. "Lo importante en este punto es reconocer que toda víctima es justa e inocente, y que tiene los mismos derechos que cualquier otra", enfatiza.

En este sentido, aclara que, si bien las víctimas de los GAL han tenido que esperar hasta este año para ser homenajeadas, ya las tenían en cuenta: "No quiere decir que no se reconociera ya en aquel momento la igualdad entre unas y otras víctimas. No quiere decir que no fuéramos conscientes. Siempre se ha sostenido que las víctimas son las de ETA, las de los GAL... Todas. En pie de igualdad total y absoluta".

Pero Laura Martín, que vio cómo le arrebataban a su marido, Juan Carlos García Goena, no lo tenía tan claro ya que, en su opinión, los colectivos de víctimas se encuentran politizados y los distintos damnificados son tratados con diferente rasero. Pero ella no se explicaba esas distinciones. Gorka Espiau reconoce que, "si esa y otras personas tienen ese sentimiento, es porque algo no se ha hecho bien". Por ello, señala la necesidad de una "autocrítica permanente" para reconocer a unas víctimas que, como señala, figuran ya en los listados elaborados por la dirección de Derechos Humanos del Gobierno vasco. "Hemos avanzado mucho en este sentido. Es necesario poner en marcha mecanismos de reparación, y algunos ya están en funcionamiento. Con la Ley de Víctimas del Parlamento Vasco y la labor de la Dirección de Derechos Humanos para reconocer casos que no entran en esa ley, hemos dado grandes pasos", recuerda.

Mientras tanto, Laura Martín siguió buscando la verdad sobre el asesinato de su marido. Sin revanchismos, como le gustaba decir a ella. Pidió la desclasificación de los papeles del CESID; escribió una carta al entonces presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, pidiéndole que esclareciera lo que decía saber sobre los GAL; y abandonó Covite porque, según defendía, el colectivo de víctimas estaba alineado políticamente a favor de los constitucionalistas.

Sus esfuerzos no resultaron fructíferos en la resolución del caso. A pesar de sus peticiones, el sumario del caso García Goena fue cerrado en septiembre de 2001 por el juez Baltasar Garzón al resultar imposible imputar de modo concreto a ninguna persona. Ni una sola, aunque el ex secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, el ex gobernador civil de Gipuzkoa, Julen Elgorriaga, y el ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, declararan como imputados en la causa.

Ese último carpetazo suponía condenar al olvido la historia de Juan Carlos García Goena. Un joven de 28 años asesinado por error. Su delito: haberse negado a cumplir el servicio militar y haberse trasladado, por ello, al Estado francés. Su mujer y sus dos hijas vieron a Juan Carlos por última vez el 24 de julio de 1987. Una bomba colocada por los GAL en su coche se encargaba de truncar prematuramente la vida del trabajador de Transfesa, empresa francesa de ferrocarriles con establecimientos en Hendaia.

Precisamente Transfesa era considerada por los GAL como un nido de miembros de ETA. El punto clave de su acciones. El centro de discusiones políticas entre compañeros que, al parecer, no lo eran tanto. Otro joven había sido víctima del grupo en 1984, tres años antes de la muerte de García Goena. Se trataba de Jean Pierre Leiba. Otro error para engrosar la lista. Sin embargo, las instrucciones que llegaban desde los GAL dejaban clara la cuestión: había que "cargarse a uno, dos o a tres". Y el elegido fue un joven trabajador alrededor del cual se construyó toda una trama en la que se llegó a decir que Leiba sería una especie de agente doble. Un informador que habría estado pasando datos sobre ETA al que posteriormente sería uno de sus asesinos. Todo se debió a una equivocación. El objetivo real de los GAL era otro: Jesús Ugarte Irujo. Su familia, ante los rumores, pidió que se respetara la memoria del fallecido y que no fuera insultado.

Pero quien no tenía pensado callarse fue el que se desenmascaró como su verdugo, Daniel Fernández Aceña. Admitió haberle disparado y haberse dado la vuelta para rematarlo. Le molestaban los gritos de su víctima.

santi brouard A quienes también les importunaban los gritos de los asesinados eran Rafael López Ocaña y Luis Morcillo. Ambos, según el testimonio de Ocaña, se encargaron de matar a Santiago Brouard en su propia consulta de pediatría, rápidamente, porque la enfermera había comenzado a chillar al descubrir cómo a Ocaña se le caía la pistola que llevaba atada al hombro con un cinturón. Mientras él trataba de hacer callar a la asustada mujer, Morcillo se dedicaba a disparar a Brouard hasta provocarle la muerte. No obstante, él mismo tuvo tiempo de dispararle alguna vez más porque, según declaró, no era cuestión de irse sin hacer nada.

Ese asesinato puso fin a la vida del diputado de HB, partidario del diálogo. Al cabo del tiempo, se hizo fuerte entre la izquierda abertzale tradicional la opinión de que los GAL no habían matado a un miembro de HB. Habrían matado la solución dialogada al conflicto vasco.

A pesar de todo, Edurne Brouard asegura que no va a cejar en su empeño por buscar la verdad: "Creo que en un futuro, cuando Euskal Herria sea lo que quiere, en esos deseos entrará esclarecer la guerra sucia. Hoy en día no veo bien el panorama, aunque tengo la esperanza de que algún día se pueda acceder a los archivos. Pero no nos hemos rendido en absoluto ni lo haremos nunca en la vida. Lo dije ante el cadáver de mi padre y lo repito ahora. Vamos a mantenernos en el esclarecimiento de responsabilidades políticas sin ánimo de venganza, sin perseguir que vayan a la cárcel. Sólo queremos la verdad para que no vuelva a pasar lo mismo nunca más".



Unir sensibilidades

Cristina Sagarzazu siente rabia cada vez que recuerda a quienes mataron a su marido. El ertzaina Montxo Doral no falleció a manos de los GAL, sino de ETA. Pero eso no impide que alce la voz para decir que unir sensibilidades de unos y otros damnificados sería "lo ideal". "Según el momento, cada partido ha usado las víctimas que consideraba de su bando. Unos han usado las de ETA, y los otros las de los GAL. La cuestión es que todos hemos pagado el pato dos veces: cuando hemos sufrido el atentado, y cuando posteriormente nos han utilizado". Entre esos dos bandos, Cristina se sitúa a sí misma en tierra de nadie: "Nunca les he gustado a ninguno. A los constitucionalistas no les convengo porque me he declarado nacionalista y, a los otros, obviamente, tampoco. Lo que sé es que mi nombre no lo han utilizado, pero sí el de mi marido, que lo han sacado cuando han querido. Y no sé hasta qué punto tienen derecho a eso". Precisamente, la utilización de los damnificados despierta su más profundo rechazo. "No tienen derecho a utilizar mis deseos personales. Y yo tampoco tengo derecho a usar el nombre de mi marido", zanja. >M.VÁZQUEZ

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