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17-11-2008
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Sergio Chejfec estuvo en Bilbao presentando ‘Mis dos mundos’. FOTO: PABLO VIÑAS
Kultura
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Me gusta la literatura que se presenta como un discurso inseguro”
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“Uno siempre es un poco culpable respecto de lo que asume o no como conflicto del mundo”, afirma el autor
MARÍA R. ARANGUREN
BILBAO. Son las 17.30 horas, ha comido en Bilbao y aún está de sobremesa. “Estoy encantado”. Sergio Chejfec ha decidido disfrutar de la villa mientras presenta Mis dos mundos, su nuevo libro, un relato sin una trama concreta y que, según asume, no llegará a un “público mayoritario”.

Los dos mundos a los que se refiere el título no son espacios o territorios como pudiera evocar en un primer momento, sino que son una metáfora de muchas situaciones propias de la vida actual. “Es una especie de símbolo o metáfora de cierta dimensión de la vida, de cómo hoy en día la sociedad, el mundo, nos ubica en una dimensión en la cual podemos convivir con diferentes formatos, propuestas, y mundos de lo real que supuestamente están enfrentado. Nuestra conciencia es tan amplia, porque estamos acostumbrados a convivir con la globalización de la cultura o porque nuestra idea de la ética es muy plástica, que podemos admitir cosas diferentes al mismo tiempo”, explica.

Ejemplifica con la cruda realidad: los humanos podemos admitir la extrema desigualdad, por ejemplo al ver imágenes del Tercer Mundo, y al mismo tiempo podemos estar en un lugar confortable y cómodo. “Son mundos que pueden convivir sin conflicto aparente pero que creo que dejan una marca de amargura”. Según Chejfec, la novela llama la atención al lector sobre cómo pueden estos mundos estar presentes en la conciencia humana de manera pacífica. ¿Egoismo?, ¿Instinto de supervivencia?, ¿Limitación humana? “Por un lado asusta porque uno siempre es un poco culpable respecto de lo que asume como conflictivo del mundo y no asume, o sobre lo que decide no asumir por una cuestión de comodidad o para no complicarse la vida, pero yo diría que cada uno termina encontrando su lugar. A mí me interesa escribir una literatura que aluda a ese tipo de cosas”, añade.

Mis dos mundos no es un relato con un esquema tradicional, ya que Chejfec, según afirma, no tiene nada que indicar, ninguna enseñanza que ofrecer ni ninguna intriga que construir. “Más bien lo que me propongo es construir un escenario, una narración que tenga diversas alusiones. En general en mis libros no hay una trama a modo convencional que tenga un comienzo, un desarrollo y un desenlace. Mis narraciones avanzan por expansión, por digresión, a través de una serie de asociaciones”. Se acerca, por tanto, a la manera cotidiana de pensar que tenemos los seres humanos, la inconsciente, natural. “Sin embargo mi literatura no es absolutamente teórica o abstracta. Simplemente no tiene opiniones o contenidos específicos para expresar. Lo que me interesa es aludir a una serie de cuestiones que me parecen importantes”. Se refiere a cuestiones como la convivencia, en el paisaje urbano, de lo decadente y lo supuestamente perfecto, globalizado y uniforme.O a cómo interactuamos con la pobreza, con la exclusión. También a qué significado tiene para el ser humano el legado, la idea de que en algún momento morirá.

El desencadenante de Mis dos mundos fue un paseo por un parque en una ciudad del sur de Brasil, donde el autor salió de su habitual rutina y donde comenzó a concebir el relato. “Coincidió también con que faltaban muy pocos días para que cumpliera 50 años”, dice Chejfec, que vive en los Estados Unidos desde 2005.

Al autor de obras como El llamado de la especie (1997), Los planetas (1999) o Los incompletos (que contó con el apoyo de la beca Guggenheim en 2004), le atrae la idea de una literatura ambigua. “Me gusta poner en entredicho lo que yo escribí antes para que el lector tenga la ilusión de estar frente a un texto difuso. Lo ideal es que el lector se pregunte acerca de qué tipo de texto está leyendo, si está leyendo una novela, un relato de viajes, un testimonio o un ensayo, y que se pregunte también qué es lo que le quieren decir”, explica.

“No me gustan los relatos que tienen un contenido asertivo, o aquello en los que el lector encuentra algo ya digerido o procesado”. Chejfec desea que el lector se pregunte qué quiere decir. Que se pregunte por qué le quieren decir. “Si para algo sirve la literatura es para complejizar el mundo en el que estamos, porque constantemente recibimos versiones del mundo bastante categóricas, incluso opuestas, versiones que dicen que todo es blanco o negro, que uno es bueno o es malo”.

Con Mis dos mundos propone, por tanto, reflexión. “Me gusta la literatura que no está segura de sí misma, la literatura que se presenta a sí misma como un discurso inseguro”.

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