azpeitia. La previsible reacción de ETA al arresto hace dos semanas de su supuesto jefe militar, Garikoitz Aspiazu, se tradujo ayer en el asesinato a tiros de Ignacio Uria Mendizabal, empresario azpeitiarra afín al PNV y consejero de la compañía Altuna y Uria, una de las constructoras adjudicatarias de la Y ferroviariavasca en su tramo alavés. La organización terrorista se cobra así la primera víctima mortal vinculada a la construcción del Tren de Alta Velocidad (TAV), infraestructura que ya venía advirtiendo en sus últimos comunicados que estaba en su punto de mira por ser un proyecto que considera "ajeno a los intereses de Euskal Herria" y que se pretende "imponer para desestructurar a nuestro pueblo".
Uria, de 71 años, recibió al menos dos disparos, uno en la frente y otro en el pecho, cuando pasaban pocos minutos de las 13.00 horas y se dirigía al restaurante Kiruri de Azpeitia, al que acudía a diario a jugar una partida de cartas con un grupo de amigos. La rutina se convirtió de nuevo en la trampa mortal de un empresario que nunca había aceptado llevar escolta, pese a que las amenazas a su empresa se recrudecieron en marzo de 2007, cuando media docena de camiones de la compañía aparecieron con las ruedas pinchadas y con los tubos de escape taponados. Junto a Tecsa, Altuna y Uria había conseguido un año antes la adjudicación del primer tramo de TAV, entre las localidades alavesas de Arrazua-Ubarrundia y Legutiano.
Por esas mismas fechas, Segi confirmó la amenaza en un comunicado en el que advertía que no se quedaría de "brazos cruzados" ante el avance de este proyecto. "¡¡PNV, IU, EA, representantes municipales, Altuna y Uria, Balzola, Moyua, no pasaréis por el Duranguesado!!", amenazaban, y aseguraban que "responderían en la medida que demande la situación" a "cualquiera que quiera construir el futuro de este pueblo a partir de sus intereses económicos y a costa del pueblo".
al bajar del coche Uria nunca creyó que ETA llegaría más allá de estos sabotajes que también han sufrido constructoras como Amenabar, Acciona o Fonorte. Al menos, no llegó a dejar traslucir ningún miedo en este sentido, pese a que cumplía tres condiciones que finalmente llevaron a los terroristas a emitir su sentencia de muerte: ser un objetivo fácil en un tiempo en el que la organización armada busca resultados inmediatos y que eviten riesgos a sus activistas, estar relacionado a la construcción de la Y vasca y ser un empresario cercano al PNV.
Al parecer, dos individuos fueron los encargados de asesinar a Uria en el aparcamiento del local al que se dirigía, ubicado junto a las oficinas de su constructora, a apenas 100 metros de su propia casa y a otros tantos de la Basílica de Loiola, sede de las conversaciones mantenidas por el PNV, el PSE-EE y Batasuna en el último proceso de paz.
El empresario azpeitiarra acababa de bajarse de su coche y se disponía a entrar al restaurante Kiruri cuando un individuo encapuchado se acercó a él y le disparó, para a continuación huir en un coche donde le aguardaba una segunda persona.
Los sanitarios que acudieron al lugar del atentado trataron de reanimar al empresario, pero la gravedad de las heridas provocadas por los disparos hizo inútil cualquier maniobra de recuperación. Sus familiares acudieron al lugar nada más recibir el aviso telefónico de una de las propietarias del Kiruki, cuando los sanitarios se encontraban en pleno esfuerzo para tratar de salvar la vida de Uria, pero ya en los primeros momentos fue evidente la imposibilidad de superar el trance.
A las 15.40 horas, un juez desplazado a la zona ordenó el levantamiento del cadáver, tendido en la calzada y tapado con una manta térmica bajo las ráfagas de lluvia que azotaban a esa hora Azpeitia.
robo coche Para entonces, hacía ya tiempo que los autores del asesinato habían huido en un coche marca Alfa Romeo que al parecer habían robado poco antes el alto de Itziar, a unos 20 kilómetros de Loiola. Según fuentes del Departamento vasco de Interior, los dos terroristas habrían dejado su propio coche en esta zona para robar otro, el de un conductor al que amenazaron a punta de pistola y dejaron maniatado junto a un árbol, con los ojos tapados. Tras cometer el crimen, regresaron al lugar para volver a coger su propio vehículo, no sin antes prender fuego al coche robado para evitar que fuera una fuente de captación de sus huellas. Para entonces, el conductor del coche sustraído había logrado quitarse las ataduras y avisar a su madre, propietaria del coche, que denunció los hechos ante la Er-tzaintza.
Con el de Uria, ETA firma su cuarto asesinato en lo que va de año, tras la muerte también a tiros del ex concejal socialista Isaías Carrasco el pasado 7 de marzo en Arrasate y después de cobrarse también la vida, en estos casos mediante la colocación de sendas bombas, del guardia civil Juan Manuel Piñuel en Legutiano (Álava) el 14 de mayo y el brigada del Ejército Luis Conde de la Cruz en Santoña (Cantabria) el 22 de septiembre.
La fría estadística sitúa al empresario azpeitiarra como la octava víctima mortal de ETA desde que la organización rompió el último proceso de paz con el atentado contra la T-4 de Barajas. Además, su muerte eleva a 41 el número de empresarios vascos asesinados por la organización. El último, José Mari Korta, que murió en agosto de 2000 cuando un coche bomba explotó a su lado, al disponerse a entrar en su vehículo.
No es la primera vez que Azpeitia es testigo de un atentado de ETA contra intereses empresariales. El industrial Ignacio Lasa de Rezola fue asesinado el 6 de diciembre de 1980 en esta localidad guipuzcoana, feudo tradicional del PNV, gobernado desde 2007 por ANV gracias al apoyo de EA y Aralar. El alcalde del municipio, Iñaki Errazkin, fue una de las primeras personas en llegar ayer al lugar de los hechos, donde rehusó hacer declaraciones. Faltaban pocas horas para que su Gobierno quedara en el aire por el abandono de EA. Con su acción de ayer, ETA demuestra que pretende hacer bandera de la lucha contra la Y, como en su día lo hizo con la central nuclear de Lemoiz -que quedó paralizada después de que la organización se cobrara la vida de los ingenieros José María Ryan y Ángel Pascual y los trabajadores Andrés Guerra, Alberto Negro y Ángel Baños-, y la autovía de Lei-tzaran, en cuya construcción participó Altuna y Uria, y cuyo trazado se cambió tras una movilización social a la que ETA añadió el asesinato de dos empresarios y dos policías. Fuentes del Gobierno vasco consideraron que con el atentado de ayer ETA abre definitivamente su frente contra la Y, tras una ofensiva gradual que comenzó con panfletos, siguió con sabotajes de kaleborroka, continuó con la colocación de bombas contra adjudicatarias de la obra y ha culminado con el asesinato de Uria. "Este atentado marca un antes y un después", aseguraron. |