Este año no habrá partido de la selección de Euskadi de fútbol. Por lo tanto, tampoco jornada de lúdica reivindicación de los que imaginan un equipo oficial y celebran que, por lo menos una vez al año, consiguen burlar la negación inexplicada de las altas instancias del Estado español.
Y lo peor es que no ha sido por la prohibición explícita de un gobierno y unos jueces que no se atrevían a meter su bastón de mando en un avispero cuya reacción, hasta ahora, consideraban imprevisible. Se han disipado los temores: si el partido de la selección de Euskadi de fútbol se suspende, no pasa nada. Sólo se convierte en un motivo de discusión entre nacionalistas vascos para que otros se animen a acercarse al río revuelto.
Nadie duda de que, cuando todas las partes pierden, la negociación ha sido pésima. Pero en este punto siempre hay que revisar la primera parte del axioma, por si se escapa algo, ya que parece que las cuentas de algunos dan beneficios, y no son las de los clubes vascos que recibían la recaudación; ni las de los miles de aficionados que no saben si se encuentran más tristes o indignados; ni la de la Federación vasca que se ve obligada a pagar, impotente, la indemnización por incumplimiento de contrato a la iraní; ni siquiera las de los futbolistas, engañados, ignorantes o cobardes, sin excusa en ningún caso.
La izquierda abertzale, en su estrategia de ganar visibilidad en ámbitos sociales ante la ilegalización de sus partidos políticos, ha decidido subir la intensidad de la actividad en ESAIT, esta vez, para imponer su ideario en la calle ante la previsión de no hacerlo en el parlamento. El resultado conocido era el esperado. Lo sorprendente ha sido la rápida defensa del término Euskal Herria (que comprende exactamente el mismo territorio que Euskadi) por parte de Unai Ziarreta, mientras lanzaba otro guiño a quien le ofrece colaboración interesada.
También han ganado los partidos mayoritarios en el Congreso de los diputados, que han pasado del asombro por ver la fuerza del nacionalismo en la primera fase de este conflicto, a congratularse de que la escalada lo ha llevado al más inhóspito de los desiertos. Ya se sabe: divide y vencerás, como recomendaba Napoleón Bonaparte.
Y el Olentzero con carbón hasta los ojos, otro año más. Una auténtica lástima.
* Experto en comunicación de conflicto |