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Pablo Orbaiz, que fue uno de los mejores en el bando rojiblanco, disputa un balón dividido con el bético Arzu. |
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betis-athletic la crónica
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Premio a la solvencia
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El Athletic repite éxito en el Ruiz de Lopera gracias a su defensa y al tanto de Javi Martínez.
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Pako ruiz
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sevilla. El Athletic puede decir que la serenidad se apodera de él. Su primer triunfo del curso lejos de Bilbao le permite rehabilitarse. Los tres puntos arrancados en el Ruiz de Lopera, un estadio que ha dejado de ser maldito, le valen para dar un salto que hace que su futuro se vea con buenos ojos. Es la primera vez que encadena dos triunfos consecutivos, esa petición que tanto se reclamaba para huir de la zona peligrosa. Deseo cumplido. Lo hizo en un encuentro donde la pizarra proporcionó pingües beneficios. Porque el Athletic se sirvió de su seguridad defensiva y de una pegada letal para tumbar a un Betis menor. Los de Caparrós, sin más, hicieron una labor sencilla y sin fisuras. No dejaron maniobrar a su rival. No dieron concesión alguna en la zaga y golpearon cuando tuvieron la ocasión. Javi Martínez puso nombre al título. Su tanto se cotizó a precio de oro. Un espléndido remate de cabeza que asienta al Athletic en la zona templada.
Y eso que el duelo no arrancó con las mejores sensaciones para los de Caparrós. Los accidentes también son parte del fútbol. El Athletic puede dar fe de ello. Porque resulta poco habitual que a los veinte minutos dos jugadores tengan que dejar el césped por culpa del infortunio. Primero fue David López, que se lastimó en su tobillo derecho al intentar frenar una internada de Juanma. El ex osasunista, que curiosamente vio la tarjeta amarilla en esa acción, intentó seguir, pero el dolor le mandó parar. Poco después, Ander Murillo también fue presa de la mala fortuna. El donostiarra hizo crack en otra pugna con Juanma. A Murillo le debe haber mirado un tuerto. Llevaba más de siete meses, 18 partidos, sin comparecer. La baja de Andoni Iraola le dio una oportunidad. Del ostracismo a verse en el once. Una ocasión para reivindicarse, cuando se sabe metido en el cuarto oscuro. Salió de él para cegarse muy pronto. Que ya tiene su lado cruel. Susaeta reemplazó a David López y Xabier Etxeita a Murillo. La banda derecha se rompió. Tocó cambiar el chasis en ese costado. Trabajo de chapa. Bien soldado, porque Susaeta apareció en un momento determinante y porque Etxeita, en su tercer partido en el primer equipo, cumplió con creces en una posición extraña para el de Zornotza. La fuga se cerró.
Estos dos accidentes no trastocaron al Athletic, pese a que sabía que sólo le quedaba un cartucho en el banquillo. El partido, mientras, arrancó con una cara muy pobre y continúo bajo un mal gusto. El Betis, que sin Emaná y Marco Aurelio mostró sus carencias a la hora de crear, y el Athletic, más pendiente de recuperarse del trastorno ocasionado por las lesiones de David López y Murillo que de ofrecer algo interesante que llevarse a la boca, se empeñaron en caer en la vulgaridad. Si este partido se comercializara en videoconsola, por aquello de tratarse de fechas navideñas, seguro que se abocaría al fracaso. Sería complicado encontrar el botón que levantara algún estímulo. El Betis fue víctima de su propia inoperancia y sólo asustó a Iraizoz en una aparición de Sergio García, su valor a día de hoy más fiable, que disparó desviado con su zurda. Que el equipo local ofrezca tan paupérrimo balance ofensivo desnuda que falla en algo. El Athletic, volcado en ahogar a los de Chaparro en la medular, tampoco hizo más, aunque su guerra no se centraba en las exquisiteces. Tuvo, eso sí, una virtud. Hizo buena su propuesta. La apuesta defensiva funcionó a las mil maravillas y sacó petróleo de su llegada más lucida. Susaeta aprovechó un despeje de la zaga bética para sacar un medido servicio que Javi Martínez no desperdició con un impecable remate de cabeza. El de Aiegi está destinado a un ingrato trabajo a destajo en la parcela ancha. Se asoma muy poco a la zona caliente. Pero cuando lo hace puede dar premio. Dio en Riazor y ayer también. Que Javi llegue lo debe agradecer el Athletic. Más allá de Llorente también hay vida, lo que es una buena noticia. Porque la dependencia sobre una sola persona es jugar con fuego.
MÁXIMA SOLVENCIA El Athletic halló petróleo en su único boleto para ello. Le tocaba, por tanto, gestionar tan preciada renta. Era consciente de que el Betis tiraría de todo en su intento de dar la vuelta a la tortilla. Chaparro no lo dudó. Recurrió a Xisco y Pavone y un cuarto de hora después llegó el momento de José Mari. El conjunto verdiblanco se lanzó a una inercia previsible. Xisco, a los dos minutos, pudo cambiar el rostro del partido, pero afortunadamente para los leones no dirigió con acierto un remate de cabeza. El Betis, sin embargo, no presume de excelencias. El Athletic así lo vio. Era la hora de ponerse el mono de trabajo.
La defensa rescató la solvencia de la que ha hecho gala en el último mes. El hecho de haber recibido un solo gol en cuatro partidos delata un momento. El bueno, cuando no hace mucho tiempo hacía aguas por todos los costados y metió al Athletic en un estado depresivo, del que ya puede decir que ha salido. Tapar esa vía de escape es sinónimo de réditos, como ocurrió durante el pasado curso, cuando los de Caparrós se mostraron como un conjunto rocoso complicado de batir. El conjunto rojiblanco, sin más, se blindó en su parte trasera, donde puso lo suyo Gorka Iraizoz, rehabilitado tras su monumental error que tanto daño hizo en El Sardinero. El navarro recuperó su mejor versión y en la retina quedará el balón que sacó a Pavone a falta de cinco minutos, con lo que evitó un empate con trazas de nuevo castigo.
El Athletic, con el mejor Orbaiz en el puesto de mando y con un Yeste enchufado, supo leer el partido. Ion Vélez, incluso, tuvo la opción de hacer el segundo en la jugada más elaborada de los rojiblancos. No fue la noche de los puntas, sobre todo porque Llorente se afanó en otras tareas, esas que no dan titulares pero sí beneficio colectivo. El Betis quemó sus naves. El Athletic enseñó una solidez que hace que sus navidades sean dulces. El parón servirá para cargar las pilas y esperar al Espanyol de Mané, que llegará a San Mamés en puestos de descenso, esos que el Athletic ya tiene a seis puntos vista.
Éxito lejos de Bilbao 9 partidos después
Han tenido que pasar siete meses y medio para que el Athletic volviera a saborear un triunfo lejos de Bilbao. Un éxito que llega tras una espera de nueve partidos. La última vez que el conjunto rojiblanco sumó los tres puntos como visitante se remonta a la 36ª jornada del pasado curso, cuando los de Caparrós se impusieron en la Nueva Condomina al Murcia de Javier Clemente, ya descendido por entonces a Segunda, por 1-2. Aquello se produjo el pasado 7 de mayo. Desde aquel triunfo, los leones no han dado la talla en los ocho partidos posteriores que han disputado lejos de Bilbao. En la última jornada de la campaña anterior, ya salieron de vacío del Sánchez Pizjuán (4-1), con una derrota que dejó matemáticamente sin opciones al Athletic de hacerse con la única plaza Intertoto en juego. En lo que va recorrido de Liga, los rojiblancos han viajado en siete ocasiones, con un saldo de cuatro empates -ante el Málaga (0-0), Recreativo (1-1), Mallorca (3-3) y Racing (1-1)- y tres derrotas -de nuevo Sevilla (4-0), Real Madrid (3-2) y Deportivo (3-0)-. La racha se rompe en el estadio del Betis, donde el Athletic no encadenaba dos victorias consecutivas desde las campañas 1932-33 y 1933-34. >p. ruiz |
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