LOS grupos terroristas de todo el mundo necesitan que los medios recojan sus acciones, lancen sus mensajes de propaganda o coacción y, en ocasiones, entrevisten a sus líderes para divulgar los resultados de su estrategia vil. Pero además de instrumento, la prensa suele ser objetivo de estas bandas y también de algunos ejércitos.
Normalmente, quien dispara a un periodista no pasa de ser un cobarde sin valor para acercarse a presas más grandes, o un maquiavélico carnicero que no quiere que los objetivos de las cámaras enfoquen su próxima masacre. Julio Anguita Parrado y José Couso fueron tristes ejemplos de sendos modelos en la misma guerra.
De este modo, ETA ha atacado las infraestructuras de EITB y DEIA para asegurarse su cuota de pantalla navideña, pero también para recordarnos su sentido de la democracia. En esa zona de Bilbao tienen su sede el ente comunicativo público vasco y diferentes cabeceras de ideologías dispares, como este mismo diario, y todos han sufrido los efectos de la furgoneta bomba, en lo que es un ataque abierto a la libertad de prensa y a la pluralidad de la sociedad vasca. Resulta paradójico recordar las declaraciones de miembros de la izquierda abertzale tras las clausuras de Egin y Egunkaria con el parabién de José María Aznar, sugiriendo la conducta fascista de quien lanza avisos a los medios e intenta acallarlos.
Por si fuera poco, la onda expansiva también afectó a la Hacienda Foral vizcaina, el hospital de Basurto, la Escuela Superior de Ingeniería, la estación de autobuses, el Metro, el tranvía y San Mamés. O lo que es lo mismo, un ataque al autogobierno, a la fiscalidad propia, al futuro del país, a los proyectos de gestión y de comunicación interna y externa, e incluso los iconos de una Euskadi cada vez más alejada de la violencia.
Porque el ataque con el que ETA acaba el año es un mensaje a todas las personas que consumen prensa vasca hasta hacer líder a un grupo comunicativo autónomo, y que tributan confiando en los servicios públicos (Osakidetza, UPV/EHU, Euskotren) que ofrece un Gobierno vasco, sobre todo, eficaz. En definitiva, a todos los vascos que creen en un modelo de construcción de país que no tiene nada que ver con las armas y que se basa en el trabajo y la gestión propia.
El conflictólogo Johan Galtung recordaba que "a una persona con un martillo el mundo le parece un clavo". Y aunque las herramientas para destruir parezcan más efectivas, no lo son: los medios vascos siguen informando.
* Experto en comunicación de conflicto |