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Abraham recoge las sillas que su compañera, ajena al ciclón, había sacado a la mañana. |
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preparativos para la alerta roja
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"Chapa, que viene el fin del mundo"
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"Si hace mucho viento, igual no vienen clientes. O igual los trae el viento volando", bromeaban a media tarde de ayer en un bar de Algorta. Es lo que tiene la ciclogénesis explosiva, que a algunos les dio por reír y a otros, maldita la gracia.
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ciclogÉnesis explosiva. Dicho así, uno no sabía si iba a saltar por los aires o ser centrifugado en un acelerador de partículas. Ante la disyuntiva, a algunos les dio por reír y a otros, maldita la gracia. En el bar Baserri, de Algorta, abundaron los primeros. "Un cliente me ha dicho en plan coña: Chapa, que viene el fin del mundo. La gente se lo ha tomado con mucho humor, excepto un hombre que duerme en la calle, en el Puerto Viejo, y no sabía dónde iba a pasar la noche. Todo el mundo le conoce, alguien le dará techo...", ponía el contrapunto Abraham Josa, el camarero.
Antes de servir cafés y cervezas, Abraham trabajó como marinero. "He estado en barcos en Noruega con vientos de hasta 180 kilómetros por hora y olas de doce metros. Tienes la sensación de que el bicho se parte porque lo oyes crujir, subes y bajas", recordaba ante una oyente que de tanto hacerse a la idea casi termina mareada. En tierra firme y parapetado tras la barra, no era de extrañar que a este lobezno de mar la alerta de ayer le sonara "a chiste". "Yo creo que ponen el grito en el cielo y eso puede ser contraproducente para negocios como éste. A la salida de clase, vienen las madres con los niños y si dicen que va a hacer viento, a mí ya me están jodiendo la tarde", protestaba.
Poco antes de retirar la terraza que, ajena al ciclón, había colocado su compañera en la calle Telletxe a primera hora de la mañana, Abraham confiaba en que los clientes nocturnos no faltaran a su cita. "Si hace mucho viento, igual no vienen o igual los trae el viento", bromeaba. "Sí, alguno igual llega volando", le seguía la broma un cliente. "O volao", remataba él la gracia.
arrantzales sin rumbo fijo
"Si no podemos salir a faenar, sopa de ajo y cero ingresos"
Donde no estaba ayer el horno para bollos era en Arriluze, donde dos embarcaciones seguían, a media tarde, sin poder guarecerse. "He pedido que nos dejen amarrarnos una noche en el Puerto Deportivo, pero sólo es para yates", se quejaba indignado uno de los arrantzales del Puerto Viejo de Algorta, mientras otro proponía ir a Santurtzi "a ver si allí lo podemos meter".
Preocupados porque "el barco es nuestra empresa", Karin Lastra, Jon Deusto y José Ignacio Polo reconocían, a bordo del Txoritxu, que sus familias tampoco estaban tranquilas. "Ayer -por el jueves- salimos a la mar y mi aitite me estuvo todo el día llamando", aseguraba Jon, quien preveía pasar "toda la noche sin dormir", inquieto por su puesto de trabajo. A su lado, José Ignacio asentía. "La familia me dice que tenga cuidado, no se acostumbra".
Con el ciclón en mente, estos arrantzales -que recordaban "galernas, pero no borrascas tan fuertes"- salieron ayer a la mar "para recuperar el aparejo". Consciente de que no podrán faenar "hasta el martes", Karin resumía lo que supone para ellos quedarse en tierra, más si cabe en tiempos de crisis. "Sopa de ajo y cero ingresos", sentenciaba.
comercio inundado el año pasado
"Ponemos maderas porque en marzo entró una ola y arrasó"
También pasó la noche en duermevela Paula García de Salazar, empleada del comercio Getxonautic del Puerto Deportivo, que resultó dañado por el temporal del año pasado. "En marzo entró una ola, rompió los cristales y arrasó todo. Así que vamos a poner unas maderas", sintetizaba, con la esperanza de que "los daños sean los menos posibles", ya que "el mar viene del oeste y no saltará tan fuerte".
Tras atender varias llamadas de "gente preocupándose por nosotros porque saben que trabajamos al lado del espigón", Paula explicaba que, como el dueño del negocio "está en una regata", ella estaría "pendiente" por lo que pudiera pasar, aunque "saltará la alarma".
pareja con vistas al mar
"Está acojonada, se va echando atrás y me deja sin paraguas"
"Me gusta el mar, arrimar el morro, a ver si salpica". Borja García estaba ayer feliz, contemplando el oleaje desde el muelle del Puerto Viejo de Algorta. A su lado, Itxaso Rodríguez disfrutaba del espectáculo, cautelosa. "Está acojonada, se va echando para atrás y me deja sin paraguas", le tomaba el pelo Borja, quien, como ex surfista, admitía que "las olas de doce metros son para unos pocos privilegiados".
Aunque el anunciado ciclón no les hizo temblar, su amigo Richi, decían, sí estaba asustado. "Le han puesto un cartel en el portal diciendo que no saliese de casa. ¡Como si fuera a entrar el mar hasta Leioa!", ironizaba Borja, al que su madre le había aconsejado: "Abrígate, que va a hacer muy malo". ¿Muy malo o el fin del mundo? Ciclogénesis explosiva. Es lo que tienen los palabros.
"Pasaremos toda la noche sin dormir, porque el barco es nuestra empresa"
"He estado con vientos de hasta 180 km/h en Noruega y esto me suena a chiste" |
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