VALLADOLID. El Athletic se constipó en el estadio de la pulmonía. La resaca de la Copa le volvió a dar dolor de cabeza, porque el conjunto rojiblanco hincó la rodilla por segunda vez consecutiva en un desplazamiento en Liga. El Athletic bajó sus prestaciones y cuando es así pierde muchísimas opciones de sumar. El Athletic no se enchufó al partido. El Valladolid, sí. Fue una sensación que marcó diferencias. Porque el conjunto pucelano, que adelanta al rojiblanco en la tabla, sacó petróleo a sus intenciones, mientras que el Athletic sólo ofreció algo interesante con el 2-0 en contra. Su reacción fue tardía y ni siquiera le valió la inercia de las remontadas recientes.
Caparrós dejó a David López fuera la de la convocatoria. El ex osasunista fue la única víctima de las rotaciones. David López sufre la carga de partidos y el de ayer es el tercer partido que se quedó sin comparecer. El resto del once no deparó sorpresas llamativas. Ustaritz, pese a que el utrerano ensayó el sábado con Etxeita en el centro de la zaga, fue la pareja de baile de Aitor Ocio, en tanto que Susaeta ejerció en banda derecha con Yeste, de nuevo, en la izquierda. Caparrós, por tanto, tiró del plan A. La Liga también engancha. El partido del año ante el Sevilla aún queda lejos en el calendario. Mendilibar, en su reencuentro con el Athletic, tuvo que recurrir en el once inicial al veterano Víctor en lugar de Cannobio, fuera de la lista debido a una lesión que se produjo en la sesión de entrenamiento del sábado.
El José Zorrilla no suele ser un estadio cómodo para sus visitantes. Invierno, algo de viento y una baja temperatura que invita a colgarse la bufanda. O sea, un cóctel que no seduce al fútbol. El Athletic cayó en esa sensación gélida. Apenas se calentó en el primer periodo, pese a ese aire reconciliador que le llegaba desde las gradas, pobladas de seguidores rojiblancos. El Athletic se constipó. Mal síntoma cuando hay que recurrir a una serie de virtudes para desactivar a un rival pegajoso como es el Valladolid en su terreno. Quizá le faltó meterse en el efecto estimulante que aporta la Copa. Quizá no cambió de chip. Quizá le afectó tanta saturación. Lo cierto es que los de Caparrós no mostraban su versión más agradable.
La batalla se desató en la medular. Tocaba gestionar un partido del que se sabía que se iba a decidir por pequeños detalles. Mendilibar es casi de la casa. Tiene al Athletic en su cabeza. Es un valor que le ayuda. El Valladolid pasa casi desapercibido para Caparrós. El de Zaldibar jugó sus bazas. También tuvo toda la semana para preparar el duelo. El conjunto pucelano, sin más, tiró de paciencia. Sin brillantez, aunque supo explotar a cuentagotas su banda derecha, donde Pedro León aporta su punto de elegancia. El Athletic, en cambio, se limitó a confiar en la inspiración de Llorente, el jugador que en numerosas ocasiones le saca del apuro. Llorente apareció a los ocho minutos, con un duro disparo desde el borde del área que detuvo con apuros el guardameta Justo Villar, que poco después casi hace un favor en un centro de Orbaiz que despejó con el pecho. El Athletic se quedó en esos dos amagos.
El Valladolid tampoco ofreció mucho más en ataque. Surgió, en cambio, ese momento que rompe un encuentro de encefalograma plano. Sesma ganó la espalda a la zaga rojiblanca, encaró a Iraizoz y encontró el premio que buscaba en un gesto instintivo. Forzó uno de esos penaltis que dan paso a opiniones opuestas. Hubo contacto. Iraizoz también tocó el balón. Paradas Romero, un colegiado mediocre, interpretó pena máxima. Víctor, al igual que ocurriera el curso pasado, no falló.
engordar para morir Al Athletic, que perdió a Ustaritz y Javi Martínez por lesión, le tocó de nuevo ir a contracorriente. Una experiencia que ya conocía en las cinco anteriores citas de Liga. Ante el Espanyol salvó los muebles, en el Calderón y frente al Valencia y Málaga recurrió a meritorias remontadas. En Almería, con el plan B en liza, hincó la rodilla. El partido de ayer recordaba, sin embargo, al de Almería. Entonces la Copa también estaba en medio. En Almería se vio con un 2-0 en contra. Ayer, también, porque Víctor, un veterano que mantiene intacto su olfato, puso más sal a la herida a los 13 minutos de la reanudación.
Caparrós había recurrido con anterioridad a Joseba del Olmo, relegado a un papel secundario, lo que le lleva a aprovechar los pocos momentos de que disfruta para reivindicarse. En Almería se salvó de la quema. Allí se estrenó como goleador en el Athletic. Ayer puso de nuevo algo de salsa. En Almería su tanto se quedó en anécdota porque no influyó en el resultado. Ayer, sus buenas intenciones se guardaron para cosecha interna. El árbitro Paradas Romero premió al Valladolid con un penalti riguroso. Como es propio de los colegiados mediocres, tiró de la ley de la compensación, al decretar como pena máxima un supuesto agarrón de Nano sobre Llorente. El Pichichi rojiblanco tomó de nuevo la responsabilidad. Su error en el choque de ida de los cuartos de Copa ante el Sporting no frenó su confianza. Llorente, sin embargo, ha perdido su buen feeling en estas acciones determinantes. Que te dan o te quitan. Tocó otra vez cruz. Llorente falló, pero, para fortuna personal y colectiva, no tuvo incidencia, porque su disparó se topó con la madera y el segundo rechace favoreció a Orbaiz, que ejerció como un rematador extraño. El tanto dio vida al Athletic. Un calco de lo sucedido en Almería. Hace tres semanas supuso engordar para morir. Se repitió la historia. El Athletic lo intentó. Pero como ocurrió en Almería la flauta no sonó.
Orbaiz ve puerta 60 partidos después
Pablo Orbaiz no presume de pegada. Es un jugador que ofrece un perfil que no se asocia con el de un goleador. Hay que remitirse a la temporada 2004-05 para encontrar una tarjeta anotadora destacable en su currículum. Entonces, firmó una cosecha de cinco tantos, tres en liga y dos en Copa. A la temporada siguiente, repitió abundancia en la competición de la regularidad. En la penúltima jornada de ese curso firmó el que hasta ayer era su último tanto, cuando transformó un penalti en Riazor que resultó decisivo para que el Athletic, dirigido por Javier Clemente, sellara la permanencia en el primer año de su bienio negro. De aquello han pasado casi tres años. En este periodo, el navarro no había visto puerta en los 59 partidos que ha disputado desde aquella tarde en Riazor. Ayer, por lo menos, se dio una alegría al cuerpo. Saboreó ese gusanillo que da el batir la meta contraria. Su gol sirvió para que el Athletic recuperara alguna opción de sumar en el José Zorrilla. Orbaiz ejerció de delantero dentro del área, su hábitat no natural. Su acierto no sirvió. Se quedó en anécdota. Sin embargo, rompe una estadística personal 60 partidos después. >p.r. |