bilbao. El partido de ayer quedará en el recuerdo como la noche en que un colegiado desquició al Athletic. Muñiz Fernández se encargó de que fuera así. El asturiano se convirtió en el triste protagonista. Apaleó al Athletic con unas decisiones que tufaron una predisposición dañina. Porque así se debe entender que no tratara a los dos conjuntos en igualdad de condiciones. Porque la roja directa a Yeste se puede considerar incluso como excesiva, aunque el de Basauri volvió a pagar caro una nueva chiquillada. Pero no sólo le marcó esa decisión puntual. Dejó un legado de numerosos despropósitos, en un porcentaje cercano al cien por cien en contra de los intereses de los rojiblancos, que, eso sí, cayeron en la envolvente del colegiado y del propio Madrid en momentos decisivos. El Madrid se recuperó del varapalo que sufrió en Champions y el Athletic firmó una derrota que le mete en apuros. El Tourmalet se le atraganta en su segunda ascensión. Es decir, los de Caparrós, que también pagaron muy caro sus errores en los momentos más calientes, deberán permanecer esta tarde muy pendientes de las noticias que lleguen desde El Sardinero y desde el Ruiz de Lopera para conocer cómo salen de esta vigésimo séptima jornada, ya que el colchón sobre la zona de descenso puede reducirse a tres puntos en caso de que Osasuna venza en su visita al Betis y a cinco si lo hace el Numancia ante el Racing. Muñiz pudo con el Athletic en el césped, pero no lo hizo con un público que supo encajar el mal trago.
La puesta en escena se convirtió en un calco de la noche mágica del pasado día 4. Por eso Caparrós recurrió al mismo once que metió al Athletic en la final de Copa. Por eso San Mamés volvió a vestir sus mejores galas. Por eso el conjunto rojiblanco salió enchufado y decidido a firmar otro partido enorme. Es decir, la moviola diez días después. Sin embargo, hubo un detalle que rompió ese escenario idílico. Ante el Sevilla, el trencilla se quitó de medio. Muñiz Fernández, en cambio, se coló en una fiesta a la que no estaba invitado. El asturiano se empeñó en copar titulares. Se encargó, sin más, de que se desempolvara ese grito delatador "¡Así, así, gana el Madrid!". A Muñiz se le escapó el encuentro de las manos por causa propia. A los 4 minutos ya había amonestados a dos leones, Iraola y Koikili, mientras que los blancos se iban de rositas, sobre todo Lass Diarrá y Huntelaar, con sendos tortazos a Javi Martínez y Aitor Ocio sin castigo.
Muñiz encendió al público y al propio Athletic. El asturiano ya empezó como protagonista. El Athletic, con todo, tiró de poderío en busca de la meta de Casillas ante un Madrid tocado tras el baño que sufrió en Champions frente al Liverpool. This is San Mamés. Como lo fue en la histórica semifinal de Copa. La tropa de Caparrós se encomendó a ese mensaje intimidador. Yeste ejecutó una falta que se ganó en una acción individual y que despejó Casillas. El Athletic, a diferencia de la cita copera, no marcó a las primeras de cambio. Perdió esa plusvalía. El Madrid lo agradeció. Porque los de Juande Ramos comenzaron a tener balón. Y porque Robben, uno de sus hombres más desequilibrantes, asumió la responsabilidad. El holandés hizo pasillo en su banda derecha, desquició a Koikili y en plena carrera, donde es complicadísimo pararle, quebró a Aitor Ocio para batir a un vendido Iraizoz. Robben se calentó y dio paso al calvario de Koikili, lastrado por la amarilla que vio en el arranque y sustituido a vuelta de vestuarios. El Athletic se desconectó. Un mal del que suele sacar tajada el Madrid. Lo hizo en una falta botada por Sneijder que cabeceó Heinze ante la pasividad de la defensa y la salida tardía de Iriazoz.
El aura de la Copa pareció desaparecer por arte de magia. El Athletic, sin embargo, ofreció la virtud de no arrojar la toalla. Volvió a rebobinar lo bueno, cuando David López se marchó por banda y su centro lo despejó Heinze en su propia puerta. El argentino dio la de cal y la de arena. Como lo hizo Yeste. El de Basauri, hasta ese minuto 35 lo más potable de los rojiblancos, puso otra mancha en su historial al caer en la trampa que le tendió Casillas. La picardía también suele dar réditos y más si se cuenta con el colegiado como aliado. Yeste, en plena celebración del tanto, empujó a Casillas. Yeste se equivocó. El meta madrileño simuló agresión. Muñiz hizo caso a Casillas. Yeste vio la roja directa. Muñiz se cargó al Athletic, que con todo en contra tuvo el arresto suficiente para empatar al filo del descanso merced a un remate de cabeza de Llorente que se tragó Casillas. Llorente se había enredado en su pelea con Metzelder y Pepe. No había aparecido. Pero la referencia rojiblanca asume su rol. Sabe que puede tener su momento. Lo tuvo, aunque a posteriori se quedara en anécdota.
la puntilla El Athletic entró en vestuarios conocedor de que estaba obligado a tirar de un gesto titánico para sumar en inferioridad numérica y con un colegiado dispuesto a hacerle la vida imposible. No ocurrió lo primero y sí lo segundo. Huntelaar, en una acción individual, frustró a los rojiblancos a las primeras de cambio. El holandés no perdonó. Lo que le faltaba al Athletic. La calidad de Huntelaar fue rotunda, ya que catorce minutos después sentenció en una buena contra tras conectar con Robben y con el conjunto rojiblanco volcado en busca de una heroica que tenía trazas de utopía.
Mientras, Muñiz continuaba con su castigo miga a miga a los leones, a los que desquiciaba una vez sí y otra también. La locura se tradujo en un carrusel de amarillas y las rojas directas a Ion Vélez y Luci Martín, segundo de Caparrós, que no pudieron frenar su monumental enfado. El Madrid redondeó la goleada con un penalti que aplaudió el público al unísono en tono burlón. Y con el cántico "Athletic, beti zurekin!" Muñiz: Hau da Athletic. Hau da San Mamés.
athletic-real madrid la crónica
Robben y Huntelaar, la conexión holandesa, fulminaron al Athletic con su pegada y su calidad individual
Llorente empató en inferioridad numérica de los leones, que se quedaron sin opciones en el segundo acto
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