El demócrata John Kennedy fue el que popularizó la frase de Abraham Lincoln, el primer presidente republicano de EE.UU., sobre que "se puede engañar siempre a un número limitado de personas o, algunas veces, a todo el mundo, lo que no se puede es engañar siempre a todo el mundo".
Por eso es fácil vaticinar que Patxi López no repetirá los resultados que obtuvo el pasado 1 de marzo, el día en el que muchos vascos le apoyaron creyendo que no pactaría con Antonio Basagoiti. Pero la imagen de la semana en Euskadi ha valido, esta vez sí, más que mil palabras del guión del socialista.
En Madrid no dudaron en ejecutar con maestría una gran jugada absolutamente legal, dudosamente legítima y definitivamente poco ética. Primero, los dos partidos mayoritarios en el Congreso de los Diputados alcanzaron un acuerdo silencioso, lejos de la bochornosa escandalera de 2001. Después, a los jueces españoles no les tembló el pulso: se llevarían por delante a tantos partidos como fuera necesario hasta que el sistema D'Hont hiciera factible esta alianza. Era irrelevante si se trataba de una nueva agrupación como D3M, u otra legal en ese mismo momento como Askatasuna.
Una vez trampeada la representación parlamentaria vasca sin que nadie se ruborizara, Basagoiti se dedicó a acosar del mismo modo a Ibarretxe y a López, para que no se notaran sus intenciones de ser el adalid de que en Euskadi se hable de España tanto como en España de Euskadi. Y el socialista insistió en que no pactaría con el popular, llegando a aseverar que quien ganara las elecciones sería el que gobernase Euskadi. Para que el vencedor fuera López, el PSOE diseñó una campaña de perfil bajo, un argumento que los medios de Prisa y Vocento usaron repetidamente porque saben que si al nacionalismo vasco se le despierta en domingo, va a votar.
Sin embargo, el 1 de marzo ganó Ibarretxe con contundencia, pero los escaños del PSOE y el PP sumaban 38 y las máscaras se fueron cayendo lentamente. Hasta que, por fin esta semana, López ha accedido a sacarse la fotografía de la vergüenza, con un Basagoiti exultante que no va a sostenerle en la lehendakaritza, sino que va a arrinconarle contra ella durante cuatro años. Porque el PP sabe que en 2013 será su momento, el de negociar la entrada en el gobierno vasco. Siempre que vuelvan a dar los números, y en Euskadi algunos ya han dejado claro de qué son capaces para que eso suceda.
* Experto en comunicación de conflicto |