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Villa y corte
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El frentismo de la mano tendida se cobra su séptima victoria
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Iñaki Anasagasti
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HACE un mes, el Parlamento húngaro aprobó el nombramiento de un nuevo primer ministro en sustitución del socialista Ferenc Gyucsany, que tuvo que renunciar por los graves errores de su gobierno en política económica y que han llevado al país magiar al borde de la bancarrota. Hacía cuatro años, su puesto estuvo colgado de un hilo ante las manifestaciones que le organizó la ciudadanía al enterarse ésta de una filtración en la que el entonces primer ministro decía que en la campaña electoral su partido había mentido "mañana, tarde y noche". "Evidentemente hemos mentido durante el último año y medio o dos. Era totalmente claro que nada de lo que estábamos diciendo era cierto", decía el primer ministro en la filtrada conversación. Todo esto originó una reacción popular, con manifestaciones, petición de dimisión, heridos en las cargas policiales y un crédito político arruinado que al final ha dado con Gyucsany fuera del gobierno. No sólo se trata de una crisis económica sino de una crisis ética y moral, así como de una aguda crisis de credibilidad y una terrible sensación de indefensión ante políticos mentirosos y deshonestos.
Pero eso ocurrió en Hungría. Por aquí, Patxi López, que es un político mentiroso, hizo lo mismo, basó su campaña en una mentira. Dijo enfático (se puede ver en youtube) esta afirmación: "Porque he dicho una y mil veces que no vamos a buscar acuerdos con el PP, que lo único que saben hacer en Euskadi es antinacionalismo y antisocialismo, porque el gobierno que vamos a poner en marcha no va a ser contra nadie, va a ser en defensa de todos". A diferencia de con Ferenc Gyucsany, los medios de comunicación de forma mayoritaria encubrieron esta mentira y no la sancionaron. El fin de "desalojar" al PNV justificaba los medios.
Pero no todo quedó en esto. Quien miente una vez, miente cien. Veamos.
El 21 de abril se reunieron públicamente por primera vez después de las elecciones Patxi López y Antonio Basagoiti. Tras la reunión, preguntado por el futuro de la Diputación Foral de Araba presidida por Xabier Aguirre (PNV), López negó que durante la entrevista hubieran hablado del futuro de la Diputación de Araba. Ante la posibilidad de apoyar la presentación de una posible moción de censura para desbancar al PNV del Gobierno en la institución foral, subrayó que "habrá que ver cuál es el comportamiento de las propias diputaciones y del propio PNV en relación a lo que hay que hacer desde el futuro Gobierno".
Nadie dudó de lo que dijo. Hubiera sido muy burdo sospechar de una afirmación tan categórica, pero ¡héte aquí!, que su socio, el incontinente Antonio Basagoiti, fue a ETB a los pocos días y habló sobre la situación de esta demanda del PP al PSE. Ante la pregunta de si la reflexión que hacía era un mensaje "pactado" con el PSE, señaló que podría "parecer un mensaje pactado y podría parecer que lo hablamos el señor López y yo en aquella reunión y luego no contamos nada", pero al poco Basagoiti reconoció que, efectivamente, fue un tema del que hablaron pero quedaron en no decir nada. Es decir. Quedaron en mentir. Sí, sí. Acordaron mentir. De esta manera, Antonio Basagoiti hacía pública la mentira de Patxi López. ¿Qué les parece?
Ante eso y la poca sanción que hay en esta sociedad en relación con la mentira reconocida, ¿qué se puede hacer? ¿Manifestarse como en Budapest? ¿Pedir la dimisión de López o simplemente recordar lo que dijo el lehendakari Ibarretxe en el pleno de investidura? "Ustedes no son de fiar".
Aquella afirmación le supuso al lehendakari Ibarretxe las mayores acusaciones en Madrid contra su persona: amargado, totalitario, mal perdedor, sectario, cómplice de los terroristas… Lo dejaron como un guiñapo. Pero, sin embargo, ante esta nueva sucia evidencia, ¿qué pasó en Euzkadi? Pues que se siguió insistiendo en que el PNV está enrabietado, no sabe perder (cuando ganó las elecciones) y que busca sólo la marginalidad. La Brunete se empleó a fondo metiendo horas para legitimar una grave mentira que, por otra parte, se trata de contrarrestar con el discurso de la mano tendida, del trabajo entre todos, del pluralismo de la sociedad. Del respeto.
Pero veamos qué ha venido ocurriendo y qué es lo que va a ocurrir en breve. El primer acuerdo del frentismo españolista fue el pacto de gobierno PP-PSE. El segundo fue la elección de una parlamentaria de la tercera fuerza para presidir la Cámara vasca. El tercero fue hacer irreconocible la ceremonia instaurada por el PNV en Gernika para los juramentos de los lehendakaris, el cuarto fue cesar al letrado mayor del Parlamento Vasco, Eduardo Mancisidor; el quinto fue tratar de cambiar una web institucional por una web de partido y el sexto, desconocer el acuerdo sobre EITB.
Con los resultados del pasado 1 de marzo hubiéramos tenido en la actualidad nueve senadores. Tres por Bizkaia, tres por Gipuzkoa, uno por Araba y dos autonómicos. Pero gracias a la polarización de hace un año entre Zapatero y Rajoy, como lo están haciendo sectariamente ahora con Mayor Oreja y con Zapatero que lleva en su mochila a López Aguilar, tenemos un senador por Gipuzkoa, uno por Bizkaia y, de los dos autonómicos, nos birlan un senador, mientras tocan con la guitarra la canción de la mano tendida. Y nos dejan en tres. Prefieren apoyar al PP que permitir que lo que dijo el ciudadano en las urnas el 1 de marzo se refleje en la votación de los senadores. Eso sí. Todo hecho con una sonrisa en los labios.
Dentro de unos días vamos a volver a ver, y por lo tanto a comprobar con hechos, cómo funciona el frentismo político en el Parlamento Vasco. Un frentismo que, por otra parte, no deja de ser especialmente perturbador a la hora de recordar el discurso de "la mano tendida" esgrimido por Patxi López en su gesticulada intervención ante Juan José Ibarretxe en el pleno de investidura del Parlamento Vasco. La mano tendida sigue siendo la mano tendida al cuello del PNV. Y para que no se crea que invento argumentaciones basadas en apriorismos sectarios ahí va el relato de lo que va a suceder.
El Parlamento Vasco envía como representación autonómica al Senado tres senadores. En la anterior legislatura y habida cuenta del pacto existente entre el PNV y Eusko Alkartasuna en esa legislatura, los dos primeros años de aquel mandato los ocupó el dirigente de EA, José Ramón Urrutia, y los dos últimos le han correspondido al alavés del PNV, Paulino Corcuera. El segundo senador ha sido Joseba Zubia del PNV. El tercer senador, esta vez en representación del PSOE, ha sido Víctor Urrutia.
Tras las elecciones del 1 de marzo y debiéndose renovar en breve esta representación si cada partido votara a sus candidatos de esos tres senadores hubieran sido elegidos dos propuestos por los 30 parlamentarios del PNV y uno en representación del PSOE. El PNV podía haber compartido una de esas dos representaciones con algún miembro de Aralar, un independiente o alguien de EA o ¿por qué no? con alguien del PSE. Pero, ¿qué va a ocurrir? Muy sencillo. El PSE y el PSOE unirán sus votos (25+13) en un renovado frente anti PNV y elegirán a una senadora del PP, cuyo nombre ya se ha hecho público, así como a un senador del PSOE. Al PNV le corresponderá el tercer candidato, Joseba Zubia, siendo la fuerza mayoritaria de la Cámara vasca.
Lo curioso del caso por parte del PSE es que elegirán una candidata del PP que engrosará la larga lista mayoritaria que tiene el PP en el Senado español y será una persona que con su voto actuará siempre siguiendo las consignas antisocialistas de un PP mayoritario y muy beligerante en aquella Cámara. Llega a parecer esta operación un ejercicio claro de masoquismo. De haber querido buscar un acuerdo con el PNV, podría haberse buscado un independiente o un tercer candidato grato a ambas partes. Teóricamente, en el acuerdo hecho público por parte del PP y del PSE nada se hablaba de los senadores. ¿Hay entonces, como en el caso alavés, cláusulas secretas? Parece que sí.
Se opta por el frentismo más grosero, caso inédito en las elecciones de candidatos autonómicos para el Senado. Que el PSE vote al PP o que el PP vote al PSE no ha ocurrido nunca. Sí ha sucedido que el PNV y el PSE hayan ido incluso juntos en la misma candidatura a unas elecciones legislativas como ocurrió con aquella plataforma llamada Acuerdo Autonómico en junio de 1977 que incluyó, nada menos que en sus listas, a candidatos de una Navarra que el PSE veía dentro de su campo de acción.
Pero ¿por qué lo hacen? ¿Por castigar al PNV por el fenecido acuerdo de Lizarra, o porque hay que seguir castigando a Juan José Ibarretxe por su rechazado Plan, o porque los senadores del PNV votan muchas veces con el PSOE y no con el PP, o porque así lo dicta un revanchismo y un frentismo que hay que ejercer, aunque siempre negar?
Nos encontramos pues en estos primeros pasos de acción conjunta PSE-PP con flagrantes casos de frentismo político que no se quieren reconocer, siguiendo las pautas del viejo diablo de negar la evidencia. Recuérdenlo, si lo desean, cuando en breve el Parlamento Vasco elija una senadora del PP que, sin ese frentismo del apoyo del PSE al PP, nunca hubiera llegado a la plaza de la Marina española en Madrid, que, para que no haya la menor duda, tiene en esa plaza la estatua de Cánovas del Castillo, aquel prócer conocido aquí por la abolición de los Fueros Vascos.
Todo un viejo diablo. Con muchos alumnos. Y es que el frentismo no existe. Sólo la mano tendida. Al cuello del PNV. |
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