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Después del apartado de lotes y antes de enfrentarse a la rueda de prensa correspondiente, Aimar e Irujo probaron en la cancha tras negociar ese tiempo con las empresas. |
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"Veinte minutos más"
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Aimar Olaizola y Juan Martínez de Irujo, que competirán el próximo domingo por la txapela del Manomanista, retiraron ayer en el Atano III de Donostia, en medio de una gran expectación, el material con el que tratarán de alcanzar su tercer título.
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César Ortuzar
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qUEREMOS veinte minutos para pelotear después de la elección", piden. "No, eso no puede ser. Es demasiado tiempo", responden. "Bueno, entonces quince", sugieren. "Vale, quince minutos y a la rueda de prensa", asienten.
La conversación transcurre en las tripas de la final, entre el alicatado blanco del luminoso vestuario del ajado Atano III de Donostia, ajena al ajetreo que abraza el frontón al mediodía donde se arremolinan unos 300 aficionados esperando que las puertas cedan a la curiosidad. Al calor del hornillo que doma los tacos se enciende la petición de Aimar Olaizola y Juan Martínez de Irujo, que desean prolongar el contacto con la cancha antes de regresar el domingo al tajo, a su aproximación a la cumbre. Un último beso antes de la despedida o del reencuentro. Prende entonces en el vestuario, refugio de confidencias, una negociación con los responsables de las empresas, que cuidan del protocolo, de la liturgia, del reloj, del ritmo cardíaco que bombea la elección de material. "La próxima vez habrá que reunir más tarde a los medios. No se puede esperar tanto", señalan. El deseo de los manistas, su necesidad de liberar la tensión de las grandes citas, disloca la ceremonia, pero la decisión, el pacto, la expande de tal manera que el gentío de la grada, rodea la cancha, se acoda en paralelo para disfrutar de la final porque de alguna manera el duelo comenzó a jugarse en aquel instante. En los veinte minutos que luego se quedaron en quince, amputados en el convenio de la caseta. A Aimar le acompañó su hermano Asier, las manos cubiertas. Protegidas para el desafío. Con Juan se alistó Jokin Etxaniz y el bote de mimosín. La catapulta de Bergara. Los cuatro en la cancha. Sin intención de ceder un palmo. La psicología, la intrahistoria, también llevaba los tacos puestos. En el rebote descansaba la mirada de Patxi Eugi, botillero de Juan, y en el borde, sobre la frontera, también observador, Roberto García Ariño. Salva Bergara, director técnico de Asegarce, departe con Iñigo Salbidea, gerente de la empresa bilbaina, a un par de metros de Eugi, en la pecera del frontón, tras el rebote. Ambos están sentados. Los aficionados, el pueblo, en pie, forman un par de hileras. Dos columnas de guardarraíles sonrientes. En el centro del escenario se cruzan saques, restos, algún que otro remate y pelotazos intencionados del tipo "mira de lo que soy capaz". Marcan el terreno Aimar y Juan con lo esencial, pero ocultan los detalles, esas pequeñas cosas que tricotan con hilo dorado la púrpura de las txapelas. Los matices, para la final, para el domingo.
Aimar, en el filo Antes de los veinte minutos, después del entente de la caseta, se produjo la elección de material en medio de una enorme expectación y los vaticinios de la cátedra: doble a sencillo por Irujo. "Eso da igual, el dinero no gana partidos y además yo no apuesto dinero, así que no me importa lo que digan las apuestas", despeja el delantero de Ibero. Estiró la criba el de Goizueta al máximo, jugando con los límites. Estrujando el reloj partió en busca de sus cueros. "El material que siempre suelo sacar. Son pelotas bonitas para jugar. Siempre digo que lo importante es tener las pelotas que a uno le gusten". Entre pelota y pelota, Aimar exploraba cómplice la aprobación o el gesto torcido de su hermano. Apartaba pelotas Asier, que las recogía en su mano. Se las volvía a pedir Aimar en orden para testarlas nuevamente. Un ciclo. E Irujo, con Eugi en la retaguardia del frontón, descontaba minutos. Juan Mari Juaristi, seleccionador de material de la Liga de Empresas, trataba de que el goizuetarra aligerase ante la petición del delantero de Ibero, una vez extinguido el plazo para la elección del lote. Se decantó finalmente Olaizola II por dos pelotas de 106,4 y 105,3 gramos, respectivamente. Le tomó el relevó Martínez de Irujo con Eugi a su vera. En paralelo. Juan Ángel, el padre de Juan, que ha acompañado en numerosas ocasiones a su hijo desde la silla de los consejos, trataba de sacudirse los nervios fuera de los focos, como si se tratara de otro curioso, pero no lo es. "Estos días son especiales. Siempre se nota cierto nerviosismo. De todas maneras estoy más tranquilo aquí que en la silla", cierra con una sonrisa. Su hijo resuelve la elección en diez minutos. Emplea al de Agoitz de medidor. Aguarda paciente Eugi cuando la pelota sale del frontis, vuela y bota. Mide con la exactitud de la arrugas el bote. "Eugi tiene mucha experiencia. Ha vivido muchas situaciones de este tipo y su opinión me ayuda", destaca el delantero de Ibero. Deja Patxi que el cuero corretee sin obstáculos. Así hasta que su pupilo acapara dos esferas "más vivas que las mías", apunta Aimar, que dan un peso en la báscula de 106,7 y 105,9 gramos. "Ha encontrado dos pelotas de su gusto, pero ya se verá de qué manera se comporta el material el domingo porque últimamente cambia bastante entre el día de la elección y el partido", argumenta Patxi Eugi. Martínez de Irujo, preguntado por el material, por su fisonomía, resuelve en la misma dirección: "El domingo se verá como va el material. ¿Que cómo son las pelotas? Pues redondas".
Los más de 300 aficionados que se dieron cita en la elección de material ovacionaron a los dos manistas a la conclusión
En la final, el dinero se cantará doble a sencillo en favor de Juan Martínez de Irujo |
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