Si algo ha caracterizado al exitoso proceso de transformación de la Villa de Bilbao ha sido el consenso político. Formaciones con ideologías diferentes, distintas Instituciones, Colegios Profesionales, ciudadanos y ciudadanas con intereses diversos, han sido capaces de aparcar sus desencuentros y centrarse en un objetivo común como es el bienestar general y la mejora de las condiciones de vida de Bilbao.
Es también verdad que en los últimos años este espíritu de entendimiento ha sido sustituido por el rodillo y la imposición de la mayoría que gobierna en el Ayuntamiento de Bilbao. Y eso no ha sido bueno para nuestra ciudad. No es casualidad que al desacuerdo político se le haya sumado el descontento ciudadano, que ha provocado la aparición de Plataformas Vecinales que reclamaban un trato justo al Ayuntamiento, que hayan proliferado como champiñones protestas ciudadanas en casi todos los barrios y que se llegase al extremo de una inédita convocatoria vecinal uniforme de todas las Plataformas y Asociaciones de Vecinos de Bilbao saliendo a la calle en manifestación multitudinaria en reclamación de algo tan básico en democracia como que el Gobierno escuche y tenga en cuenta la opinión de la gente. Por cierto, protesta ciudadana efectuada en un día tan señalado como un 15 de junio, día en que se conmemora la Fundación de la Villa de Bilbao.
Sin embargo, este mes de junio ha sido testigo de dos grandes acuerdos políticos con una enorme trascendencia para el futuro de Bilbao. El primero hace referencia a un viejo compromiso para llevar el metro a Rekalde. Es uno de los acuerdos más relevantes de los últimos años. Supone impulsar la línea 3 entre Etxebarri y el Casco Viejo, construir la línea 4 entre la plaza Moyúa y Rekalde, con estaciones de metro en la plaza de Zabalburu, Irala y el corazón de Rekalde, cerrar el anillo del tranvía por las calles Autonomía y Hurtado de Amezaga e impulsar definitivamente el billete único para que los viajeros y viajeras no tengan que pagar cada vez que hacen un transbordo. Este acuerdo, dotado económicamente con más de 320 millones de euros, va a dar trabajo a muchísimas personas en la construcción de estas grandes infraestructuras, va a suponer un impulso de una enorme magnitud al transporte público en Bilbao, pero, sobre todo, supone cerrar un conflicto y cumplir con la promesa dada a los vecinos y vecinas de muchos barrios de la Villa a los cuales se pretendía dejar con sistemas de transporte público de segundo nivel.
Como dije en su día, fue para mí uno de los momentos más satisfactorios de mi vida política en el Ayuntamiento de Bilbao.
El segundo gran acuerdo es el que ha permitido desbloquear el Plan Especial de Zorrotzaurre, eliminando la barbaridad urbanística que suponía rellenar parte del Canal de Deusto para construir viviendas en el terreno ganado a la lámina de agua. La actual península de Zorrotzaurre se convertirá en una isla y va a constituir una operación de regeneración urbana singular y muy potente. Un hito en la historia de Bilbao con toda seguridad, que demuestra que es posible gobernar, y gobernar bien, escuchando a la gente.
Estos dos ejemplos son la palpable demostración de que no hay nada mejor que el consenso político, el aparcar las diferencias y destacar lo que nos une, para construir una ciudad mejor y más habitable. Espero que los próximos años desterremos definitivamente el rodillo y la imposición y que volvamos a recuperar el espíritu del acuerdo y del entendimiento que ha caracterizado los mejores años de nuestra historia en Bilbao. Trabajar con la mano tendida en la ciudad.
* Portavoz del PSE |