aÚN recuerdo la escena; dos farolas de la talla de un gigante dobladas en arco, a modo de barricada, sobre los lomos del puente del Deusto, sobrevolado por el fuego cruzado de pelotazos de goma y tornillos de grueso calibre. A la entrada del viaducto un autobús, el autobús que subía a la Universidad, aguardaba su ocasión. Minutos antes el conductor, todo un demócrata, había improvisado una votación sobre si cruzaba o no el puente camino al campus de la Universidad del País Vasco en Leioa. Era época de exámenes pero ni siquiera aquel salvoconducto fue suficiente para pactar una tregua. Agachados como soldados en trinchera, los estudiantes jaleaban al conductor -¡pasa, pasa!-, que sudaba jadeante. Un acelerón, otro y otro y... ¡zas!, una luna lateral rota y el vehículo en la otra orilla.
Fui protagonista y testigo de aquel suceso, así que sé de lo que hablo. A las escenas de pánico se sucedían, en ocasiones, las largas travesías. Recuerdo, casi en trance de pesadilla, el destartalado autobús de los pueblos, con un muelle de acordeón en su interior que chirriaba como si lo tocase un mendigo sin formación alguna. Tengo registrado en el bloc de la memoria una plusmarca insólita: dos horas y tres cuartos entre Zabalburu y el campus.
Ahora, cuando se acerca la hora de aproximar el campus de Bizkaia de la UPV/EHU a la civilización (dicho sea en un tono amplificado y sin ánimo de ofender a los vecinos...) a través de un medio de transporte ágil y puntual, da la impresión de que se cumple una vieja ilusión, un deseo llamado tranvía. Queda así zanjada una deuda histórica con miles de estudiantes.
Es una noticia amable ahora que ambos términos -información y cortesía- parecen entrar en contradicción. En lo que casi puede considerarse un exceso, el periódico de hoy contiene otro hecho insólito y feliz: la elección de la Aste Nagusia como el primer tesoro cultural inmaterial. Se anunciaba una lucha feroz, a dentelladas, con fiestas de talla internacional como los Sanfermineso con travesías de tanto raigambre como el Camino de Santiago. No han sido enemigos en las urnas. Más de catorce mil votos acreditan que Bilbao en fiestas es la isla que buscaba John Silver, El Largo, para desenterrar el oro oculto. No es extraño. He oído cantar, en esas noches piratas, aquello de "ron, ron, ron...¡la botella de ron!"
Bilbao en fiestas es la isla del tesoro donde se celebran noches piratas al son de ron, ron, ron...
¡la botella de ron! |