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El kiosco
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Los mapas de la ley y las fronteras ajenas
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La sentencia de la Corte Europea sobre la ilegalización de Batasuna ha servido, con alguna excepción, para exigir al nacionalismo su aquiescencia a la Ley de Partidos, forzando las fronteras de la ley como si fueran los nuevos mapas del tiempo de Euskal Telebista con López
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Imanol Basaraz
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STANISLAW Jerzy, poeta judío polaco de mediados del pasado siglo, tenía razones evidentes para desconfiar de la ley: una de ellas le llevó a un campo de concentración, del que escapó en 1943 para unirse a la resistencia judeo-polaca que vivía y luchaba desde las alcantarillas de Varsovia. Tenía también motivos suficientes para razonar sobre la desigualdad: hijo de un noble, un barón por más señas, pero de ideología y filiación socialista -que le llevaría a la embajada en Viena de la Polonía comunista tras la guerra pero antes de desertar a Israel- vivió en todos los extremos de la misma. Tal mezcla de vivencias personales permitió a Jerzy acuñar uno de sus más conocidos aforismos: "Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla". La ley, venía a decir, no depende de su letra, ni siquiera de su espíritu o de la intención con que se legisló, sino del interés de quien la utiliza.
Algo de eso, si no todo, es trasladable a la LOPP, Ley Orgánica de Partidos Políticos, que dio pie a la ilegalización de Batasuna avalada esta semana por la Corte Europea de Derechos Humanos sita en Estrasburgo. Dicha sentencia ha sido el eje de lo noticioso, quizás porque, como apuntó en su día Somerset Maugham, las sociedades y los gobiernos, en la lucha contra el razonamiento individual, añaden dos armas a la propia conciencia: la ley y la opinión pública. Así, para los coros del Estado, el dictamen del Tribunal de Estrasburgo no afecta, al parecer, sólo a la izquierda abertzale montaraz, sino a todo el nacionalismo. Por ejemplo, El País, en el primer párrafo de su editorial ya apuntala esa tesis -"El jarro de agua fría afecta directamente al PNV y al anterior Parlamento de Vitoria"- mientras El Mundo lo lleva al segundo -"La sentencia deja sin discurso a la izquierda abertzale y al PNV"- y El Correo Español, sibilino él, lo disimulaba una pizca -"...echa por tierra los argumentos empleados por la izquierda abertzale, aunque también por parte de otras voces nacionalistas..."- aunque dijera lo mismo. Sin embargo, quien se lleva la palma en esto es, también en el diario de Vocento, don Florencio Domínguez, quien dedica 59 líneas y tres párrafos -en un artículo de poco más de cien líneas y cinco párrafos- a los nacionalistas y tarda apenas tres líneas de las 59 en citar a quien quería: "El fallo deja en evidencia a los nacionalistas y en particular al ex lehendakari Juan José Ibarretxe..." En el otro extremo de la desigualdad, el editorial de Gara encierra unas líneas que si quieren decir lo que dicen significan casi todo lo que se puede decir, dicho esto con la claridad habitual de la izquierda abertzale: "Otra cosa es que esa misma Corte asuma también la lectura expansiva que se ha hecho de esa ley una vez que, precisamente tras estas ilegalizaciones, la izquierda abertzale renueva su apuesta por las vías democráticas y pacíficas y rechaza sumarse a la lucha clandestina". En páginas interiores, Iñaki Iriondo confiesa que, pese a todo lo dicho anteriormente, no ha habido sorpresa en la sentencia y quizás explica lo farragoso del párrafo editorial: "La izquierda abertzale está analizando y debatiendo la fórmula con la que superar el bloqueo (...) para articular una estrategia eficaz que permita avanzar políticamente al independentismo vasco". No sé si me explico o me aclaro...
La excepción a la regla fue, en este caso, Santiago González, quien por una vez no cita al PNV para nada aunque cometiera el error de hacerlo con Montesquieu -"la libertad consiste en hacer lo que está permitido por la ley..."- sin tener en cuenta una de las frases más célebres del padre de la teoría de la separación de poderes: "Una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa". Ya se sabe que las palabras, igual que las ideas, siempre se pueden retorcer. ¡Cómo no va a poderse si ya se retuercen hasta los límites geográficos de los mapas del tiempo! En El País, dedicaron ese texto de su espacio editorial llamado El Acento que se escribe desde el anonimato, al de ETB, corrector según ellos de "la impostura oportunista del nacionalismo periférico, gemelo del casticista, que prescindía alegremente del interés viajero de su clientela (...) importaba el tiempo en Mondragón, para nada en París" para afirmar que gracias al cielo, nunca mejor dicho, "la ETB del nuevo lehendakari de la Euskadi en vías de normalización ha corregido ya ese dislate. Ofrece mapas metereológicos con menos frontera política". Tengo para mí que Juan Mari Gastaca, responsable de la edición País Vasco del rotativo socialista, no habría firmado ese texto. Entre otras cosas porque en el mapa de "la ETB del nuevo lehendakari" (concepto que es de agradecer al escribano por aclaratorio, aunque lo de la telelópez no guste demasiado al señor Surio) tampoco aparece París. Ni Estrasburgo, ni Madrid... ni Coscojales. Tiempo al tiempo.
En cualquier caso, el del acento de Prisa y los de los mapas del señor López no conocen demasiado de los Unkmept Thoughts (Pensamientos Descuidados) de Stasnislaw Jerzy, quien en otra de sus sentencias polacas desde el destierro dejó escrito aquello de que "el amor a la patria no conoce fronteras ajenas". |
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