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Armando Ribeiro, durante uno de los entrenamientos que la plantilla rojiblanca está realizando en el campo de fútbol de Ayamonte. |
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athletic la concentración en isla canela
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"La única presión que siento es la de no defraudar a mis hijos"
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"No me tomo esto como un premio sino como un regalo del más allá". A sus 38 años Armando Ribeiro, aquel chaval que arrancó en el Ugeraga, tiene la entrega de un 'cachorro', agradeciendo a Caparrós la oportunidad de culminar su carrera en casa.
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Alain e Iván sólo tienen un ídolo. Son los hijos y los dos mejores fans de Armando Ribeiro (Sopelana, 16-I-1971), que a sus 38 años destila el espíritu de un adolescente; de aquel chaval que arrancó bajo los palos del Ugeraga, el equipo de su pueblo, y que, desde lo que hoy es El Peñón, oía el rugido de las olas de Atxabiribil, la playa, soñando con defender un día la portería del Athletic. Veinte años tuvieron que pasar para que el guardameta recibiera, como él dice, "un regalo del más allá". Dos décadas en las que se forjó como persona y como profesional lejos de su tierra, hasta que el 28 de enero de 2008 descolgó el móvil para atender una llamada inesperada. Joaquín Caparrós se acordó de él para suplir al lesionado Gorka Iraizoz. Su compromiso le ha servido para prolongar su contrato hasta junio, confianza que intenta devolver con una implicación desbordante en cada entrenamiento. Desde un rincón del recinto de Isla Canela, el meta comparte con DEIA sus vivencias, recuerdos imborrables, proyectos de futuro y un presente en el que se siente como un cachorro a la espera de su gran oportunidad. Su expresión se amplifica cuando habla de su necesidad de devolver todo esto con sudor, y su mirada se ilumina cuando siente que tanto esfuerzo es la mejor herencia que puede trasladar a sus criaturas.
"Vivo todo esto como si me hubiesen traído desde el Bilbao Athletic, con una ilusión tremenda, motivado. Sé que le estoy restando al fútbol, por lo que trato de disfrutar al máximo, de absorber todo lo que pueda e incluso de continuar creciendo", sostiene. De la profunda Regional saltó al juvenil del Logroñés gracias a Lotina, jugando incluso con el primer equipo, hasta que recaló en la escuela de El Mareo. Regresó a Bermeo y se marchó tres temporadas al Alavés, donde se topó con el obstáculo de Tito. Tras año y medio en Barakaldo, por fin llegó el Cádiz. La tacita de plata fue y es su segunda casa: allí masticó la cara y la cruz del fútbol, un ascenso a Primera, conquistar el Trofeo Zamora o pasarse varios meses sin ingresar un solo euro, con el club al borde de la desaparición. "Cuando uno ha tenido piedras en el camino y las supera es bueno mirar hacia atrás para saber lo que has conseguido. Yo tuve que marcharme a mil kilómetros de distancia. Estuve muy feliz, empecé de cero, en Segunda B, con una entidad en quiebra, y alcancé la élite, siendo el portero menos goleado. Maduré como persona y me hice futbolista. De hecho, gracias al Cádiz también pude venir al Athletic. Estoy aquí sin que nadie me haya regalado nada, por eso no me tomo esto como un premio sino como un regalo del más allá. Era una opción casi imposible de que surgiera, pero es lo bonito que tiene el fútbol, que a veces pasa esto y sale bien", valora Armando.
Susana Miranda, su mujer; su madre, Maite Malda; sus suegros, Rafa y Begoña… todos, todos pueden compartir la dicha que desprende dentro y fuera del campo. Con una mentalización de lo que significa estar preparado al 100% que escapa del fútbol actual. "Es que estar en casa, con el Athletic, es un sueño para cualquier jugador vasco, al menos para mí. La única presión que siento yo es la de no defraudar a mis hijos porque sé que ellos están muy atentos a lo que hace su aita. Y para mí es un orgullo que me vean jugar en el Athletic. Por eso necesito entrenar bien, hacerlo todo como debo para que mis hijos también se sientan orgullosos de su padre", se sincera. De cuando dio sus primeros pasos, o desde que intentaba emular a Arkonada, las obligaciones de su demarcación han sufrido una profunda transformación: "Ya no vale sólo con parar y estar sobre la raya. Ahora participas más, eres un apoyo más cuando hay una transición de balón, el meta es el primero que ataca, y por eso la figura del entrenador de porteros me parece vital. Tenemos a uno de los mejores a nivel estatal, Víctor Llopis -que destaca la "entrega y el esfuerzo" de Armando-, y hay que aprender de él. Cuando empecé no me podían ceder el balón ni me expulsaban por ser el último jugador. Hay que amoldarse para estar en la cima".
UN NUEVO ROL Su presencia y la de Iraizoz han rebajado el ruido crítico de San Mamés sobre la portería, algo de lo que se congratula, "y es que ahí han estado Iribar, Zubizarreta, Cedrún, Iñaki (Lafuente), Dani (Aranzubia). Hay que luchar siempre contra eso pero desde la naturalidad. Bienvenida sea esa presión. Ésa, sí". Tras una campaña prácticamente en blanco, el cancerbero no echa el freno sino el resto. "Cualquiera está loco por jugar. Y yo más. Hacía once años que no me ocurría lo de la pasada temporada, casi siempre había sido titular. No es fácil, muchas veces te lo llevas para casa, pero debo asumir el rol que me toca. Se avecina un curso con muchos partidos y me encantaría tener muchos minutos. Yo no elijo, sólo puedo encontrarme apto para estar a la altura y que no se note una posible ausencia de Gorka", afirma. De hecho, un momento duro como tal sólo lo padeció cuando, recién fallecido su padre y con el Cádiz segundo, el técnico le relegó. Comprendió después el sufrimiento del de Fuenmayor tras su llegada porque también a Armando le pasó algo similar. Tras nueve ejercicios con la vitola de indiscutible le quitaron por la política de contrataciones, ya que Lopera obligó a que jugara Contreras si los de Carranza querían a Dani.
Si de antaño santifica a Alberto Benito, secretario técnico gaditano, o a Ángel Férez, su anterior entrenador de porteros, hoy lo hace a Caparrós. "Toda la culpa de que yo esté aquí se la debo a él. Apostó por mí en un momento delicado, siendo casi imposible que yo pudiese venir. Y tuvo lo que hay que tener para traerme y ponerme. Gracias a Dios salió bien. Le estaré toda mi vida agradecido y se lo intento demostrar cada día fuera y dentro del terreno. ¿Un ejemplo para los jóvenes? No sé si lo soy o esto les llega. Sí sé que me siento como un crío tratando de transmitir la felicidad que llevo dentro", expresa Armando, que no encuentra discurso para rendir tributo a la afición que le arropó en el partido ante el Betis previo a la final de Copa, un triunfo que a la postre fue trascendental para la permanencia. "En noches cómo ésa trato de devolver tanto cariño. La gente propició que yo me agrandara, que estuviese a gusto. Aquellas ovaciones que me dieron son tan especiales que no sé cómo expresarlo. Es una emoción tan fuerte que creo que es muy poco lo que les he dado a cambio. Con lo difícil que es esta portería, que se mira con lupa, que se me respete así, que me hayan aceptado, y sobre todo en mi tierra, es algo grandísimo. Con la familia delante y viendo que los míos están orgullosos de que uno de Sope esté ahí".
"aquí ESTÁN LOS MEJORES" A nivel colectivo tira de positivismo, sabedor de que el equipo no puede encajar tal cantidad de goles si aspira a tener "la cuota de éxito de hace un par de años. "Tenemos jugadores ofensivos importantes pero aquí se debe defender desde el delantero y atacar desde el portero. Tiene que existir este compromiso. Como me ha comentado un compañero a nivel personal, ahora mismo en el Athletic están los mejores". "Debemos pensar que los que están lo son e ir a muerte. Disponemos de una buena combinación: los veteranos, las caras nuevas y los que crecen, jugadores como Susaeta, que están adquiriendo un poso notable, y que nos ayuda a ser optimistas. La anterior campaña se vivieron cosas preciosas. La Copa queda ahora lejos, hay que centrarse en Europa y no descuidar la Liga, que en toda esta vorágine es la que te da de comer. Hay que ir paso a paso sin volvernos locos", justifica. A su vez, el porvenir de la portería de San Mamés lo intuye bien asegurado. "Tanto Iago Herrerín como Aitor Fernández deben empaparse de toda la información que reciben porque un día tendrán la papeleta de ser los porteros del Athletic. Tienen tremendas cualidades pero deben trabajar con humildad, disciplina y paciencia. Iago lleva ya más años y puede tener esa oportunidad más cerca. Le veo tranquilamente ahí", destaca el sopeloztarra. No en vano, Herrerín se ha plantado en esta pretemporada con un gran avance físico y mental. ¿Y el futuro de Armando Ribeiro? "Siempre hay que mirar al día después. Yo me he cubierto bien las espaldas, he estudiado segundo nivel de entrenador, me apasiona el tema de los porteros. Aprendo de Llopis, lo hice de Férez… Por eso el día de mañana me gustaría ser entrenador de porteros". De los que valoran más la seguridad, vivir las jugadas, anticiparse a los delanteros e intervenir en el juego. Mucho más que un paradón. Sus hijos seguro que seguirán entonces igual de orgullosos de su aita. El portero del Athletic que conserva la adrenalina de un cachorro.
"Estaré toda la vida agradecido al míster, porque tuvo lo que hay que tener para traerme y ponerme" |
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