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El escritor Willy Uribe ayer en Bilbao. Foto: Pablo viñas |
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Willy Uribe, escritor
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"Bilbao es una ciudad de novela negra, en sus calles pueden transcurrir historias muy duras"
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Con los derechos vendidos al cine de 'Sé que mi padre decía', Willy Uribe no tiene pensado abandonar la literatura. Escribe novela negra y sabe que este género se ha puesto de moda, pero cree que "dentro de año y medio todo esto habrá pasado y triunfará otro estilo"
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Araitz GARMENDIA
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BILBAO. El escritor y fotógrafo bilbaino Willy Uribe (1965) ganó el pasado 17 de julio el Premio Memorial Silverio Cañada en Gijón a la mejor primera novela negra. Tras haberse dedicado durante veinte años a la fotografía, especialmente a la relacionada con el surf, Uribe ha encontrado su verdadera vocación en la escritura.
Cuando era joven quería ser vagabundo, eso habrá cambiado con los años.
Ha cambiado un poco, ahora soy más sensato, pero siempre queda algo. Además, he sido fotógrafo durante mucho tiempo, se busca en la profesión el vagabundeo.
Su último libro, Sé que mi padre decía, es una novela negra situada en Bilbao. ¿Qué tiene esta ciudad que no tenga el resto? ¿Es una ciudad de novela negra?
Lo que tiene es que es mi ciudad y no creo que me pudiera haber ido a otra. La historia tenía que discurrir en Bilbao. Es una ciudad de novela negra, aunque en realidad todas lo pueden ser. Los recuerdos del protagonista son de los años 80, de la época de la reindustrialización, del cierre de Euskalduna y de Altos Hornos tambaleándose. Es una época que gusta en cuanto a los recuerdos, luego se desarrolla en la actualidad, y puede seguir siendo igual de negra. Entre todo el acero inoxidable y el cristal nuevo hay historias duras.
Por ese libro ha recibido el premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela negra, ¿qué ha significado para usted?
Ganar el premio ha sido un aliciente. Es mi segundo premio. Los libreros de Bilbao me dieron el Farolillo, un premio del que estoy muy orgulloso, pero todos son un aliciente, y alegran por supuesto. Éste es un premio que lo entregan los propios escritores y gente conocedora de la novela negra, por lo que tiene un poso más de valor.
¿Cuánto tardó en escribirlo?
Aproximadamente un año. No es sólo escribir el libro, es pensarlo, pulirlo, corregirlo, y asegurarse de que todo vaya acorde.
¿Cree que Larsson, con su trilogía Millenium, ha vuelto a poner de moda el genero negro?
No he leído sus novelas, pero bienvenido sea Larsson y todos los grandes bestsellers. Yo, como escritor digamos desconocido, no soy de los que van echando pestes de los grandes bestsellers porque egoístamente para mí es muy bueno. El que haya tres tíos vendiendo millones de libros significa que los libreros aguantan con esas ventas, les oxigena. Bendito sea Larsson, Zafón y Falcones, porque dan dinero a las librerías y así pueden poner en las estanterías las novedades que sacamos los escritores de segunda.
¿No tiene pensado leerla?
No creo, tengo cosas más interesantes guardadas. No echo pestes pero es como un acto de defensa: ¿lo leen millones de personas? Pues yo no. Está bien, pero al fin y al cabo es una moralina, y huyo un poco de ellas, es demasiado correcto.
¿Hay algún escritor al que aborrezca?
No, todos tienen su mérito. Escribir una novela no es algo sencillo y acabarla menos. Que te salga bien o mal es otra cosa, depende de la habilidad de cada cual o del momento en el que te encuentres, pero no odio a ninguno.
Se define como un viajero, ¿sus libros son un viaje interior?
Puede ser. Cada libro me lo tomo como un nuevo mundo. Es una búsqueda y un viaje interior, de mí sale todo.
Durante veinte años se dedicó a la fotografía, ¿cómo pasó de ser fotógrafo a escribir libros?
Fue por economía. Sacando fotos no ganaba mucha pasta y escribiendo tampoco es que gane mucho, pero puestos a ganar lo mismo, prefiero hacer algo que realmente me guste. La fotografía era mi oficio, tampoco quiero ser desagradecido, he pasado muy buenos momentos con las fotos: he aprendido y he viajado mucho, pero cada cosa tiene su momento y ahora estoy escribiendo.
Entonces, de momento, ha aparcado la fotografía.
Sí. Llevo a cabo algunos proyectos más personales, como colecciones de fotos, de hecho, siempre llevo encima una cámara compacta, pero sin ánimo de vender.
Estuvo en el taller de escritura del escritor Ramiro Pinilla, ¿cuál fue la lección más importante que aprendió allí?
A cortar. Toda frase puede ser acortada un poco más, y todo relato puede ser acotado, al igual que toda escena puede decirse con menos palabras. Si puedes decir más con menos, el lector lo agradecerá. El lector es muy inteligente. Sé que diciendo pocas cosas va a entender bastantes más. Varios escritores lo tienen como lema, y creo que es muy acertado. Por otro lado, la novela la hace el lector, el escritor sólo la lanza.
Con su primer libro, Nanga, fue finalista del Premio Euskadi 2007, ¿esperaba comenzar con tan buen pie en la literatura?
Para nada, fue una sorpresa. Estaba de viaje, en un aeropuerto en Alemania y me llamaron del Gobierno Vasco para ver si aceptaba y por supuesto lo hice, aunque ha habido cierta polémica con ese premio, ya que algunos escritores dijeron que no querían recibirlo. Pero yo estaba encantado, no sabía si darle el pasaporte al guarda, un alemán cuadrado, o un beso. Fue una alegría, no me lo esperaba.
¿Fue fácil que una editorial se interesase por su trabajo?
Me costó muchísimo tiempo. Años de mandar relatos, poesías, o novelas, tantos como los que llevo en el taller de escritura. Es muy difícil, las editoriales, si no vas con un padrino, ni te leen. Mandas sobres con toda tu ilusión y nada, a veces ni te contestan. Pero eso no sólo me ha pasado a mí, sino a muchos que están escribiendo muy duro.
Las artes, como la fotografía y la literatura, ¿son las más castigadas por la crisis?
Todo se está viendo afectado. Incluso los pintores estarán tocados. De todos modos, lo que nunca lo está es el acto de crear. La crisis incentiva ese acto, pero vender será más difícil en todas las ramas del arte, aunque el acto de crear es independiente de cualquier crisis. Si el creador está pensando en dinero mal va.
Entonces para crear hay que dejar al margen el tema económico.
Por supuesto, cualquier pensamiento de dinero y futuro hay que aparcarlo. No tiene sentido que ahora haga una novela gótica porque crea que voy a ganar más, es absurdo, irracional. No hay que pensar en el dinero absolutamente para nada.
¿Tiene en estos momentos algún proyecto entre manos?
Por ahora escribir. Tengo una novela acabada y estoy buscando editor, aunque creo que ya lo he conseguido. Ahora estoy escribiendo otra que trata de dos chavales de Algorta y que está ambientada en el año 81. Se van de viaje a Marruecos en busca de olas, sol y hachís. Pero en el viaje nada es lo que parece. Además, los derechos de Sé que mi padre decía están vendidos al cine.
¿Y eso que le parece?
Muy bien porque es pasta, o por lo menos la puedes llegar a ganar si la película se rueda y se estrena, ya que muchas se quedan en el cajón. He escrito la novela, pero el guión es cosa de otro, no voy a meterme en eso. Nunca he hecho un guión de cine, así que no me parece correcto, para eso hay profesionales.
¿Irá al cine para ver la película?
Sí, por supuesto que pienso verla, espero que esté bien.
Antes ha dicho que los protagonistas de la novela que está escribiendo van en busca de olas, veo que no olvida su gran pasión.
Yo vivo del surf. Hay deportes que tienen un trasfondo más literario que otros, como la hípica, el boxeo o el surf, porque son deportes con mucha personalidad.
Ya que ha olvidado lo de vagabundo, ¿cómo le gustaría jubilarse, como escritor o como fotógrafo?
Como vagabundo. Quien sabe. La verdad es que no me gustaría jubilarme, un escritor no tiene por qué hacerlo, así que espero seguir escribiendo, aunque igual algún día me canso y me da por hacer sillas de madera. |
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