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Simulación de una situación de violencia de género, con la víctima en su hogar. Foto: pablo viñas |
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Casi la mitad de los maltratos a mujeres en la CAV se produce tras abusar del alcohol
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El 47% de los agresores ingiere alcohol de forma habitual, según Emakunde.
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Iñaki Landa
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bilbao. El exceso del alcohol supone la caída en un pozo para el bebedor compulsivo, situación que arrastra también a todo su entorno. A esto hay que añadir que el alcoholismo influye en un repunte de los problemas sociales.
Todo ello se refleja en tensiones familiares, en el abandono de obligaciones, en el descuido del aseo y, sobre todo, en la adquisición de mayores dosis de agresividad y violencia. Tal es así que las estadísticas del Departamento de Interior del Gobierno vasco, que recoge Emakunde en sus informes, cifran en más de un 40% las agresiones de género en la CAV que se producen en estado etílico. Más aún, el 47% de los maltratadores abusa del alcohol de forma habitual, según señala el informe de Violencia contra las mujeres del Instituto Vasco de la Mujer. Queda así acreditada la relación alcohol-violencia, aunque el porcentaje no es fijo, debido a que varía, según el origen o las creencias culturales o religiosas del agresor.
Aunque no existe una amplia bibliografía ni un sinfín de estudios que acreditan la relación entre la ingesta desmedida de bebidas espirituosas y la violencia machista, en la ponencia Violencia de género como elemento de desigualdad, expertos como el psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Clínica, Legal y Forense Andrés Montero Gómez especifican que el alcohol se encuentra detrás del 40% de los agresores.
Desajustes de políticas En cualquier caso, los datos demuestran que ambos problemas coexisten. Conviven en miles de hogares vascos pero, una de las dificultades añadidas para abordar el tema, gira en torno a la inexistencia de planes específicos para acatar la violencia de género y el alcoholismo a la vez. No se han elaborado ni directivas europeas, ni planes especiales desde los gobiernos central y vasco, ni tampoco desde los organismos que trabajan más cerca de los enfermos. Coexisten pero se abordan por separado.
Así, los resultados no son los adecuado y, por esa razón, varios expertos en la materia destacan esa problemática en un informe académico de Encare (Organismo Europeo de atención a niños en entornos violentos). Lo único que existe son unas guías de buenas prácticas, unas líneas generales de actuación, que por tratarse de cuasi recomendaciones carecen de objetivos específicos. En la CAV, como explican desde Emakunde, tampoco existen esas recomendaciones, es decir, como en el resto de Europa, ambos problemas se abordan por separado.
En este punto, existen dos posiciones para valorar la influencia del alcohol en la violencia de género. Así, mientras una corriente afirma que suele estar presente y tiene influencia directa sobre la violencia, la otra subraya que las bebidas espirituosas no tienen nada que ver con la violencia. La única evidencia es que los elementos neurotóxicos presentes en esta sustancia reflejan su impronta en los agresores y que los efectos psicofísicos van aumentando a medida que la enfermedad avanza.
Los expertos consultados califican el alcohol como "precipitante", y no como causante de las agresiones. Por otra parte, daños en el hígado, en el páncreas, en el sistema nervioso central, la hipertensión y la depresión suelen acompañar a una dieta cada vez más pobre y una conflictiva vida social. Esta espiral ha llevado a muchos vascos a situaciones límite en su entorno familiar. La psicóloga Eva Casado cree que alguien está enfermo de alcoholismo "cuando su manera de beber crea problemas y no puede dejarlo". El punto más duro del proceso llega a través de cuatro pasos. Es ahí cuando el pozo se convierte en más hondo hasta que apenas se alcanza a ver la luz.
cuatro fases La pre alcohólica se caracteriza por el alivio ocasional de las tensiones por medio de la bebida. Enseguida se pasa a un alivio constante y la tolerancia aumenta. Después, comienza la fase prodrómica, en la que el sentimiento de culpa acecha. El afectado bebe a escondidas, con avidez y las lagunas mentales se intercalan con la negativa a tratar el problema.
En la fase crítica, el intento de neutralizar las presiones sociales se convierte en la total pérdida del control. La conducta, marcadamente agresiva, se alterna con intentos por dejar la bebida, renuncia a empleos y alejamiento de los amigos. La fase crónica, la última, está marcada por el grave deterioro mental, las intoxicaciones prolongadas y los trastornos del pensamiento. La tolerancia disminuye y beber adquiere carácter obsesivo.
Demasiadas cervezas
Uno de cada diez ciudadanos de la CAV es "gran bebedor" o abusa demasiado del alcohol, lo que le puede llevar a desembocar en el alcoholismo, según la encuesta de Salud elaborada por el Gobierno Vasco. Una mujer "gran bebedora" es la que consume entre dos y cinco cañasdiarias y la "bebedora excesiva" lo es a partir de las cinco cervezas. Un hombre se convierte en "gran bebedor" cuando toma entre cuatro y seis cañas al día y pasará a ser considerado "excesivo" cuando supere las siete. El alcoholismo está ligado a un enorme sufrimiento psíquico del enfermo, pero es el entorno quien paga la desconfianza, los juicios poco racionales, la desatención, los celos, la violencia o los malos tratos; que si bien no se dan en todos los casos, los datos demuestran que son una tónica bastante general. En este sentido, no son tampoco cifras nada halagüeñas las cifras que se extraen del informe Euskadi y Drogas 2008, en el que destaca que la experiencia con el alcohol en la CAV es universal. No obstante, lo más preocupante es, sin duda, la afirmación que versa sobre el consumo exagerado entre escolares durante los fines de semana, que se dispara hasta el 37,1%. >i.l. |
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