LA primera acción de Rodolfo Ares en el Gobierno vasco fue colocar a su hija, Marta, en el Departamento de Empleo. Toda una declaración de intenciones. De un repaso a la actualidad estival, se puede colegir que el segundo objetivo del nuevo consejero de Interior ha sido convertirse en un personaje atractivo para la prensa española. Porque de pacificar Euskadi, ni la intención.
Arrancar fotos de presos de las txosnas en momentos de máxima afluencia tiene más de operación de marketing que de actuación policial comedida, y le ha servido para alcanzar portadas como la del Magazine de El Mundo en agosto: todo un éxito. No obstante, pasearse por el Arenal bilbaíno en plena Aste Nagusia, con sus gafas de sol y rodeado de agentes y escoltas, no habría sido suficiente para llevarle a las páginas centrales de los principales periódicos si no hubiera acompañado su actitud chulesca con críticas a su predecesor. Elegancia cero.
Sobre todo, porque lo único que ha conseguido Ares con su campaña de imagen ha sido radicalizar a quienes, desde hace años y gracias en parte al trabajo de Jabier Balza, resultaban obviados por la mayoría de la ciudadanía. Hasta este verano, las comparsas que menos recaudaban eran las mismas que en la pasada Semana Grande han conseguido publicidad gratuita gracias a las órdenes del nuevo consejero a la Ertzaintza.
Los vascos no son tontos y no necesitan llamadas al boicot para reconocer lo que no les gusta, aunque algunos crean que ha sido necesaria su llegada a Ajuria Enea para mostrar la verdadera realidad de Euskadi. Puede ser una cuestión de perspectiva, pero huele demasiado a venta de producto socialista.
Eso sí, ErNE ha alabado la nueva política de intervención durante las fiestas, renegando de la anterior, que buscaba minimizar los riesgos para ciudadanos y agentes. ¿Acaso el cambio que esperaban algunos ertzainas era poder echar mano, otra vez, de las pelotas de goma? Cualquier respuesta recuerda inevitablemente a la célebre línea de guión de Apocalypse Now, "me gusta el olor del napalm por la mañana", que sirvió a Francis Ford Coppola para presentar concisa y contundentemente lo reprobable que resultan algunas acciones violentas. Resulta tan triste como preocupante.
Rodolfo Ares suspende en Euskadi, saca notable alto en España y se ratifica en que su labor está bien hecha. Queda claro, por lo tanto, para quién trabaja.
* Experto en comunicación política
Con su campaña de imagen, Ares ha logrado radicalizar a quienes eran obviados por la mayoría de la ciudadanía |