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06-09-2009
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El nacionalismo se reafirma viajando
Iñaki Anasagasti
NO sé quién de los bufones de Corte dijo en su día aquella frase despectiva de que "los nacionalismos se curan viajando". Como si un problema político de raíz histórica fuera un asunto de cercanías, de kilometraje o de agencia de viajes, sobre todo cuando el asunto se dirige a unos vascos que, desde la pesca de la ballena, no han hecho más que viajar y relacionarse hasta el día de hoy en el que la crisis golpea menos a una Euzkadi con una actividad industrial internacionalizada que a los de la burbuja inmobiliaria. La cosa, por tanto, no deja de tener bemoles. Desde Edurne Pasaban que por ahí anda con sus ochomiles, hasta el bueno de Julian Yanci y sus muchachos, pasando por Ainhoa Arteta, el Playa de Bakio y el vendedor de tornillos de Eibar en Shangai, el vasco, sobre todo en verano, tiene la pata caliente y lo que le gusta es asomarse por encima del muro y ver qué es lo que pasa por ahí. Y si el nacionalismo vasco es mayoritario, como lo es, podemos decir que a viajeros no nos ganan en la capital del reino.

En todo caso, es el nacionalismo español el que se debería curar viajando, si ese buen español tiene las antenas bien puestas, porque es precisamente el nacionalismo vasco el que se reafirma viajando. No hay más que escuchar a muchos vascos que viven en Madrid quienes, de forma mayoritaria, quieren volver a casa cuanto antes. Excluyo de este renglón a los aventureros, porque para ésos su patria es la mochila.

¿Y a que viene todo esto?

En un periódico de Bilbao le preguntaban a la presidenta del Parlamento vasco dónde pasaba sus vacaciones de niña. Y ella contestaba que su sueño era tirarse a la bartola. Como se ve, Patxi López tenía ya en aquella época seguidores. Al parecer, Arantza Quiroga, solía ir con su familia a la playa de Hendaia, aunque su sueño era comprarse una scooter. "Fue una pelea sin tregua con mis padres, pero yo, moto que pillaba, moto que montaba. Iba siempre con mi amiga Juncal. Nos pasábamos las tardes enteras en la Marina y, como siempre estábamos los mismos, nuestro gran aliciente era conocer a los veraneantes madrileños que llegaban a Fuenterrabía. Ellos eran otra cosa…! Venían de la capital!".

El problema hoy no es tanto que a una niña le deslumbraran los pijos de Madrid, algunos de los cuales venían con gomina y bigote tipo Aznar, curiosamente, a la capital chic e internacional del Estado en los tiempos juveniles de Arantza. Eso le puede pasar a cualquiera y se cura con el tiempo o viajando más a Madrid. El problema es que ya cuarentones sigan pensando lo mismo: "Ellos son otra cosa. ¡Vienen de la capital!".

Y esto, señores, explica muchas cosas. Por ejemplo, que el PP vasco sea el mismo partido en Albacete que en Hondarribi, en Iruñea que en Torremolinos... y eso lo acaba de percibir claramente UPN. Esto explica asimismo la obsesión por ser un partido sucursal del que tiene la sede en la calle Génova 13 en Madrid y cuyo máximo jefe es Mariano Rajoy, que el pobre tiene que andar conciliando los cabreos de Gallardón con Esperanza Aguirre mientras se sacude las corrupciones del caso Gurtel y analiza la faena que le quieren hacer en Valencia a Leire Pajín tratando de hacerle un examen parlamentario antes de darle el visto bueno para ser senadora. Quizás por eso nuestra presidenta del Parlamento vasco prefirió acudir al homenaje hípico que le hicieron a la Infanta Pilar en Valencia que, en otro sábado, a la misa concelebrada de los Obispos vascos en recuerdo de los catorce sacerdotes fusilados por la Santa Cruzada.

Quizás también eso explique ese lenguaje cheli, sin gracia, de su jefe de sucursal, Sr. Basagoiti, quien para no desentonar del Sr. Fraga dijera aquella barbaridad de que "lamento que la bomba no les explotara a los propios etarras". O aquello otro de que el euskera era un idioma que no servía para nada y que lo mejor es aprender el inglés y no perder el tiempo en aprendizajes inútiles.

Si un partido ha tenido en este verano una oportunidad de oro para desmarcarse de su socio preferente, el Partido Socialista, ha sido el PP. Oportunidad que han desaprovechado porque puestos a ver me cuesta hoy encontrar alguna diferencia entre el PP y el PSE en éste oasis vasco en el que dicen han convertido a Euzkadi en cien días. Y nosotros sin enterarnos.

Sabido es que el PP obtuvo el uno de marzo un pésimo resultado. Sigue siendo un partido minoritario al que Dios le vino a ver porque exactamente sus votos eran necesarios para que D. Patxi fuera lehendakari y pusiera la bandera española en Ajuria Enea. Antes habían cambiado el txistu por el oboe. Pero son, políticamente hablando, una fuerza respetable pero menor.

Las necesidades del PSE hicieron que nadie haya hablado más de María San Gil, ni de Mayor Oreja, ni de Carlos Iturgaiz. Ahora todos ríen las fanfarronadas del Sr. Basagoiti sobre lo que tiene que hacer o dejar de hacer el lehendakari aunque al poco sea corregido por el Sr. Pastor. Le dejan hablar, le llaman por teléfono, reconducen la situación y le dicen que de lo manifestado nada y aquí paz y luego gloria.

Comento esto porque todo el mundo del PP, tan constitucionales y tan amantes del cumplimiento de la ley ellos, no han dicho esta boca es mía cuando el ministro de política territorial, Manuel Chaves dijera enfático el 21 de agosto que "está totalmente descartado que se vaya a transferir la competencia de prisiones al País Vasco". Antes lo había dicho Zapatero, pero ¿no había quedado Patxi López que el Estatuto de Gernika se iba a completar en sus competencias de forma íntegra? Es decir, una ley orgánica, refrendada por el pueblo vasco hace treinta años, al parecer no se puede cumplir porque así lo deciden en Madrid. En la etapa anterior, de gobierno del PNV, se nos decía que era por nuestra actitud política y no por razones técnicas. Pues ahora, tampoco. Y el PP, callado.

Tan callado como se mantuvo cuando la Fuente de Espalación, la que la ministra Garmendia, el gran fichaje del PSOE, iba a conseguir; voló ya que, en la negociación, España solo logró el apoyo de Portugal. El PP también calló.

Yes, we can nos dijeron que también era el mensaje de campaña del Obama de Coscojales, pero todo se quedó en Yes, week end vacacional con cierre del Parlamento para evitar penosos controles parlamentarios. El PP, como tal, avaló con sus votos el cierre. Y calló.

Pero lo último del ínclito Sr. Basagoiti no se puede dejar pasar por alto. El pasado 26 de agosto, tras entrevistarse en Ajuria Enea con Patxi López, como gran aporte y como una de sus genialidades para llevar adelante una política de rigor presupuestario, no se le ocurrió otra cosa que decir que había que eliminar y dar cerrojazo a las Delegaciones vascas en el exterior, (las llamó embajadas), para recortar "gastos superfluos", diciendo además que eran chiringuitos para colocar amiguetes del PNV. Y se quedó tan ancho.

Cuando le escuché pensé que la derecha vasca merecía en Euzkadi un dirigente mejor formado, más serio y menos jaimito. Porque detrás de la red de delegaciones que se han ido creando en estos años pasados trabajaban una serie de profesionales jóvenes, bien formados, solventes y cuyo trabajo de manera fundamental era facilitar la expansión, la internacionalización y el asentamiento del tejido industrial vasco y no eran batzokis para una política de partido ni de adoctrinamiento. Todo lo contrario. A ningún empresario se le preguntaba qué carnet tenía sino de qué forma se le podía ayudar para asentar su empresa en el exterior. Y no eran embajadas, porque las gestiones políticas las hacían los lehendakaris Ardanza e Ibarretxe en sus viajes, como en su día, en el exilio, el lehendakari Aguirre había tenido su despacho en la Quinta Avenida de Nueva York. Eran otros tiempos. Las actuales son fundamentalmente oficinas de servicios y antenas para conocer las oportunidades que en el exterior se le abrían a la empresa vasca. Decir esa sinsorgada sin fundamento de que eran chiringuitos para adoctrinar es algo que clama al cielo y, si he lamentado las declaraciones de éste hombre, que dice lo primero que se le viene a la cabeza por una parte, he echado de menos que muchos de los cientos de empresas beneficiadas no hayan salido a la palestra para desmentir semejante estupidez. Una pena. Tenemos una sociedad civil alerta pero demasiado silenciosa y lo que hizo Antonio Basagoiti aquel miércoles fue uno de sus habituales ejercicios de irresponsabilidad construyendo un discurso falso basado en una mentira. Afortunadamente, al poco, fue desmentido, pero ya el virus lo habían logrado inocular.

Si en Chicago, Nueva York, Shangai, Santiago de Chile, Caracas, Buenos Aires y México existen estas oficinas, es precisamente porque las agregadurías comerciales de sus queridas embajadas españolas no funcionan y algunas de ellas sí que son chiringuitos de expansión del pensamiento único español. Por otra parte, quizás, Basagoiti no quería otra cosa más que reforzar lo dicho por su socio preferente, el Sr. López, cuando a los cien días de su gestión dijo aquello de que su gobierno estaba "blindado y aislado". Blindado entre el PSE y el PP y, aislado, ante las turbulencias que el PSOE y el PP, en Madrid, tienen cada segundo. Y volvemos al principio. El nacionalismo institucional vasco ni se blinda ni se aísla, mira al exterior y pone sus radares en aquello que se mueva y que pueda ser interesante para Euzkadi. El nacionalismo español se blinda y aisla con lo que el consejo de que el nacionalismo se cura viajando ése que mira a todas horas a Madrid ya que, como decía Arantza Quiroga de niña: "Ellos eran otra cosa…! ¡Venían de la capital!".

Así nos va.

* Senador de EAJ/PNV
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